viernes, 11 de diciembre de 2015

Así es como el conocimiento y la experiencia se vuelven gradualmente factores destructivos en la vida.

15. Tal vez algunos de ustedes estén interesados en lo que he estado diciendo acerca de la envidia. No uso la
palabra "recuerdan" porque, como lo he explicado, recordar meramente palabras o frases embota la mente, la vuelve apática, pesada, carente de creatividad. Es muy destructivo el mero recordar. Lo importante, especialmente mientras son jóvenes, es comprender antes que cultivar la memoria, porque la comprensión
libera la mente, despierta la facultad crítica del análisis. Les capacita para ver la significación del hecho, no sólo
para racionalizarlo. Cuando meramente recuerdan ciertas frases, sentencias o ideas acerca de la envidia, por
ejemplo, esa recordación les impide mirar el hecho de la envidia. Pero si ven y comprenden la envidia que se
esconde detrás de la fachada de las buenas obras, de la filantropía, de la religión y detrás de sus propios deseos de ser grandes, de ser virtuosos, si realmente ven y comprenden esto por sí mismos, entonces descubrirán qué libertad extraordinaria hay respecto de la envidia, de los celos.

Por lo tanto es muy importante comprender, porque el recuerdo es una cosa muerta; y quizá sea ésta una de las causas principales del deterioro humano. Somos muy propensos a imitar, a copiar, a seguir ideales, a seguir los héroes. ¿Qué es lo que ocurre, entonces? Se pierde poco a poco la llama de la creatividad y sólo queda la representación, el símbolo, la palabra, sin que haya nada detrás. Se nos enseña a memorizar y esto, obviamente, no es creativo. No hay comprensión en el mero recordar cosas que han leído en los libros o que les han enseñado; y cuando a lo largo de la vida sólo se cultiva la memoria, se destruye gradualmente la verdadera comprensión.

Por favor, escuchen cuidadosamente porque es esencial que esto se comprenda. Lo creativo es la comprensión, no la memoria, no el recuerdo. La comprensión es el factor liberador, no las cosas que han acumulado en la mente. Y la comprensión no se encuentra en el futuro. El mero cultivo de la memoria da origen a la idea del futuro; pero si comprenden directamente, o sea, si ven algo claramente por sí mismos, entonces no hay problema. Un problema existe sólo cuando no vemos claramente.
Lo importante, pues, no es lo que ustedes conocen, no es el conocimiento o la experiencia que han adquirido, sino ver las cosas como son y comprenderlas inmediatamente; porque la comprensión es inmediata, no está en el futuro. Cuando la experiencia y el conocimiento toman el lugar de la comprensión, se vuelven factores de
deterioro en la vida. Para la mayoría de nosotros, el conocimiento y la experiencia son muy importantes; pero si penetramos detrás de las palabras y vemos la verdadera significación del conocimiento y la experiencia,
encontraremos que se convierten en los factores principales del deterioro humano. Esto no quiere decir que el conocimiento no sea correcto en ciertos niveles de nuestra existencia. Es correcto e indispensable para saber cómo plantar un árbol y qué clase de nutrición debe tener, o cómo alimentar a las gallinas, o cómo constituir
apropiadamente una familia, o cómo construir un puente, etc. Hay una enorme cantidad de conocimiento científico disponible que puede ser correctamente utilizado. Es correcto, por ejemplo, que sepamos cómo armar una dínamo o un motor. Pero cuando no hay comprensión, entonces el conocimiento, que es meramente memoria, se vuelve muy destructivo; y ustedes encontrarán que la experiencia también se vuelve destructiva, porque la experiencia refuerza el trasfondo de la memoria.

Me pregunto si han notado cuántas personas adultas piensan burocráticamente, como oficinistas. Si son
maestros, su pensar está limitado a esa función; no son seres humanos latiendo con la vida. Conocen las
reglas de la gramática o las matemáticas o una historia carente de importancia; y a causa de que su pensar se
halla circunscrito a esa memoria, a esa experiencia, su conocimiento les está destruyendo. La vida no es una
cosa que ustedes puedan aprender de alguien. La vida es algo a lo que prestan atención, algo que comprenden de instante en instante, sin acumular experiencias. Después de todo, ¿qué es lo que tienen cuando han acumulado experiencia? Cuando dicen: "He tenido una cantidad enorme de experiencia", o "conozco el significado de esas palabras", eso es memoria, ¿verdad? Han tenido ciertas experiencias, han aprendido cómo manejar una oficina, cómo construir un edificio o un puente, y conforme a ese trasfondo obtienen más experiencias. Cultivan la experiencia, la cual es memoria; y con esa memoria encaran la vida.

Como el río, la vida corre, es rápida, volátil, nunca está quieta; y cuando ustedes la encaran con la carga pesada de la memoria, es natural que jamás estén en contacto con la vida. Afrontan la vida con el conocimiento y la experiencia que poseen, lo cual no hace sino incrementar la pesada carga de la memoria.
Así es como el conocimiento y la experiencia se vuelven gradualmente factores destructivos en la vida.

Espero que estén comprendiendo esto muy profundamente, porque lo que estoy diciendo es muy verdadero; y si lo comprenden usarán el conocimiento en su nivel correcto. Pero si no comprenden y meramente acumulan conocimiento y experiencia como un medio de progresar en la vida, como un medio de fortalecer su posición en el mundo, entonces el conocimiento y la experiencia se volverán muy destructivos, destruirán su iniciativa, su creatividad. Casi todos nosotros estamos tan abrumados por la autoridad, por lo que otras personas han dicho, tan cargados con el Bhagavad Gita (importante texto sagrado hinduista), con ideas, que nuestras vidas se han vuelto muy insípidas. Estas cosas son todas recuerdos, reminiscencias; no son cosas que hemos comprendido, no tienen vida. No hay nada nuevo, en tanto estamos cargados de recuerdos; y no podemos comprender la vida, que es perpetuamente nueva. En consecuencia, nuestro vivir es muy tedioso, nos volvemos apáticos, nos desarrollamos mental y físicamente torpes y feos. Es muy importante comprender esto.

La sencillez es libertad de la mente respecto de la experiencia, de la carga de la memoria. Pensamos que la
sencillez es una cuestión de no tener sino pocas ropas y una escudilla de mendigo; creemos que una vida sencilla consiste en poseer muy poco externamente. Eso puede estar muy bien. Pero la verdadera sencillez implica estar libre del conocimiento, libre de los recuerdos y de la acumulación de experiencias. ¿No han reparado en las personas que dan mucha importancia al hecho de poseer muy poco y piensan que son muy sencillas? ¿Las han escuchado? Aunque puedan no tener más que un taparrabo y un bastón, están llenas de ideales, internamente son muy complejas, luchando consigo mismas, esforzándose por seguir sus propias proyecciones, sus propias creencias. internamente no son sencillas, están repletas de lo que han recogido de
los libros, repletas de ideales, dogmas, temores. Exteriormente podrán poseer sólo un bastón y unas pocas
ropas. Pero la verdadera sencillez de la vida es permanecer internamente vacío, inocente, sin acumular
conocimientos, sin creencias ni dogmas, sin el miedo a la autoridad; y ese estado de sencillez interna puede
nacer sólo cuando comprendemos realmente cada experiencia de instante en instante. Si hemos comprendido una experiencia, entonces esa experiencia se ha terminado, no deja ningún residuo. Es a causa de que no comprendemos la experiencia, de que recordamos su placer o su dolor, que jamás somos internamente sencillos. Aquellos que tienen una disposición religiosa persiguen las cosas que contribuyen a la sencillez exterior; pero internamente son caóticos, confusos, están agobiados por innumerables anhelos, deseos, conocimientos; tienen miedo de vivir, de experimentar.

Si observan la envidia verán que es una forma profundamente arraigada de recordación que constituye un factor muy deteriorante, muy destructivo en nuestras vidas; y lo mismo ocurre con la experiencia. Esto no
quiere decir que deban olvidar los hechos cotidianos o evitar la experiencia. No pueden. Pero el hombre que
está lleno de experiencias no es necesariamente un hombre sabio. El que tiene una experiencia y se aferra
meramente a esa experiencia, no es un hombre sabio, es como cualquier que lee y acumula información de los libros. Un hombre sabio es inocente, está libre de la experiencia; es internamente sencillo, aunque exteriormente pueda tener todas las cosas de la Tierra o muy pocas.

Interlocutor: La inteligencia, ¿forma el carácter?

K.: ¿Qué entendemos por "carácter"? ¿Y qué entendemos por "inteligencia"? Todos los políticos -ya sean de
la variedad de Delhi o el voceador local de ustedes- continuamente usan palabras tales como "carácter", "ideal", "inteligencia", "religión", "Dios". Escuchamos estas palabras con atención absorta porque parecen muy
importantes. La mayoría de nosotros vive de palabras; y cuanto más elaboradas y exquisitas son las palabras,
más satisfechos nos sentimos. Averigüemos, pues, qué es lo que entendemos por "inteligencia" y qué entendemos por "carácter". No digan que no contesto de una manera definida. Buscar definiciones, conclusiones, es uno de los trucos de la mente y significa que no quieren investigar y comprender, que sólo quieren seguir las palabras.
¿Qué es la inteligencia? Si un hombre está atemorizado, ansioso, si siente envidia, codicia, si su mente copia, imita y está repleta con el conocimiento y las experiencias de otras personas, si su pensar se halla limitado y moldeado por la sociedad, por el miedo, ¿es inteligente un hombre así? No lo es, ¿verdad? ¿Y puede tener carácter un hombre temeroso, no inteligente? -siendo el carácter algo original, no la mera repetición de los tradicionales debes y no debes-.
¿Es carácter la respetabilidad? ¿Entienden lo que significa esa palabra "respetabilidad"? Uno es respetable cuando es estimado, respetado por la mayoría de las personas que lo rodean. ¿Y qué es lo que la mayoría de las personas respetan, qué respetan las personas de la familia, las personas de la masa? Respetan las cosas que ellas mismas desean y que han protegido como una meta, como un ideal; respetan aquello que presumen en contraste con su propio estado inferior. Si uno es rico y poderoso o tiene gran renombre político o ha escrito libros de éxito, es respetado por la mayoría. Lo que uno dice puede ser un completo disparate, pero cuando habla, la gente lo escucha porque lo considera un gran hombre. Y cuando de esa manera te has ganado el respeto de los
muchos, el seguimiento de la multitud, eso te da un sentido de respetabilidad, un sentimiento de que has
llegado. Pero el así llamado pecador está más cerca de Dios que el hombre respetable, porque el hombre
respetable está investido de hipocresía.
¿Es el carácter el resultado de la imitación, de ser controlado por el miedo a lo que la gente dirá o no dirá?
¿Es el mero fortalecimiento de nuestras propias tendencias, de nuestros propios prejuicios? ¿Es el
sostenimiento de la tradición, ya sea de la India, de Europa o de América? Eso es lo que generalmente se
llama tener carácter: ser una persona fuerte que sostiene la tradición local y así es respetada por los muchos.
Pero cuando uno prejuzga, imita, cuando está atado por la tradición, cuando tiene miedo, ¿hay inteligencia, hay
carácter? Imitar, seguir, rendir culto, tener ideales... ese camino conduce a la respetabilidad, pero no a la comprensión. Un hombre de ideales es respetable, pero jamás estará cerca de Dios, jamás sabrá lo que es el
amor, porque sus ideales son un medio para ocultar su temor, su imitación, su sentimiento de soledad.
Por lo tanto, sin comprendemos a nosotros mismos, sin damos cuenta de todo lo que está operando en nuestra propia mente: cómo pensamos, si estamos imitando, copiando, si tenemos miedo, si estamos buscando el poder, no puede haber inteligencia. Y la que crea el carácter es la inteligencia, no el culto al héroe o la persecución de un ideal. La comprensión de nosotros mismos, de nuestro propio y extraordinariamente
complicado yo, es el principio de la inteligencia, la cual revela el carácter.



Interlocutor: ¿Por qué un hombre se siente perturbado cuando otra persona le mira fijamente?

K.: ¿Tú te sientes nervioso cuando alguien te mira?
Cuando un sirviente, un aldeano -alguien a quien consideras inferior- te mira, ni siquiera te enteras de que
está ahí, sólo pasas de largo sin hacer caso de él. Pero cuando te miran tu padre, tu madre o tu maestro, te
sientes algo ansioso porque ellos saben más que tú y pueden descubrir cosas sobre ti. Yendo un poco más
arriba, si algún funcionario del gobierno o algún otro visitante destacado repara en ti eso te complace porque
esperas obtener algo de él, un empleo o alguna clase de recompensa. Y si te mira un hombre del cual nada deseas, eres por completo indiferente, ¿verdad? Lo importante, pues, es descubrir qué está operando en tu
propia mente cuando alguien te mira, porque la manera como respondes a una mirada o a una sonrisa, significa
muchísimo.
Infortunadamente, muy pocos de nosotros nos damos cuenta de todas estas cosas. Jamás reparamos en el
mendigo, en la aldeana que lleva su pesada carga, o en el loro que pasa volando. Estamos tan ocupados con nuestros propios pesares, anhelos y temores, con nuestros placeres y rituales, que no somos conscientes de las muchas cosas significativas que hay en la vida.

Interlocutor: ¿No podemos cultivar la comprensión? Cuando constantemente tratamos de comprender, ¿no
significa eso que estamos practicando la comprensión?

K.:¿Es cultivable la comprensión? ¿Es algo para practicarse como practicamos el tenis o el piano o el canto o la danza? Podemos leer un libro una y otra vez hasta que estemos completamente familiarizados con él. ¿Es la comprensión como eso, algo para ser aprendido mediante la constante repetición, lo cual es, en realidad, el cultivo de la memoria? ¿Acaso la comprensión no es de instante en instante y, por lo tanto, algo que no puede
ser practicado? ¿Cuándo comprendemos? ¿Cuál es el estado de nuestra mente y de nuestro corazón cuando
comprendemos algo? Cuando me escuchan decir algo muy verdadero acerca de los celos -que los celos son
destructivos, que la envidia es el factor principal de deterioro en la relación humana- ¿cómo responden a ello?
¿Ven instantáneamente la verdad que implica? ¿O comienzan a pensar acerca de los celos, a hablar sobre
ellos, a racionalizarlos o analizarlos? ¿Es la comprensión un proceso ya sea de racionalización o de lento
análisis? ¿Puede la comprensión ser cultivada como cultivan ustedes un jardín para que produzca frutos o
flores? Por cierto, comprender es ver directamente la verdad de algo, sin barrera alguna de palabras, prejuicios
o motivos.

Interlocutor: El poder de comprender, ¿es el mismo en todas las personas?

K.: Supongamos que te presentan algo verdadero y ves muy rápidamente la verdad de ello; tu comprensión es inmediata, porque no tiene barreras. No estás lleno de importancia propia, tienes ansia de descubrir, así que
percibes instantáneamente. Pero yo tengo muchas barreras, muchos prejuicios, soy celoso, estoy desgarrado
por conflictos que se basan en la envidia, estoy lleno de mi propia importancia. He acumulado cosas en la vida
y en realidad no deseo ver; por lo tanto, no veo, no comprendo.

Interlocutor: ¿Puede uno eliminar lentamente las barreras por medio del constante intento de comprender?

K.: No. Yo puedo eliminar las barreras, no mediante el intento de comprender, sino solamente cuando siento
de verdad la importancia de no tener barreras, lo cual implica que debo estar dispuesto a ver las barreras.
Supongamos que tú y yo oímos a alguien decir que la envidia es destructivo. Tú escuchas y comprendes la
significación, la verdad de ello y estás libre de ese sentimiento de envidia, de celos. Pero yo no quiero ver la
verdad de ello, porque si lo hiciera destruiría toda mi estructura de vida.

Interlocutor: Yo siento la necesidad de eliminar las barreras.

K.: ¿Por qué sientes eso? ¿Quieres eliminar las barreras a causa de las circunstancias? ¿Quieres eliminarlas
porque alguien te ha dicho que debes hacerlo? Ciertamente, las barreras son eliminadas sólo cuando ves por ti mismo que tener barreras de cualquier clase crea una mente que se halla en estado de paulatino deterioro. ¿Y cuándo ves eso? ¿Lo ves cuando sufres? ¿Acaso el sufrimiento te despierta a la importancia de eliminar todas las barreras? ¿O por el contrario, te lleva a crear más barreras?
Encontrarás que todas las barreras se derrumban cuando tú mismo estás empezando a escuchar, a observar, a descubrir. No existe una razón para eliminar las barreras; en el momento en que introduces una razón, no las
estás eliminando. El milagro, la más grande de las bendiciones, es que des a tu propia percepción interna una oportunidad de eliminar las barreras. Pero cuando dices que las barreras deben ser eliminadas y entonces
practicas su eliminación, ésa es la operación de la mente, y la mente no puede eliminar las barreras. Tienes
que ver que ningún intento de tu parte puede eliminarlas. Entonces la mente se queda muy quieta, muy silenciosa. Y en este silencio uno descubre aquello que es verdadero.


— "El Arte de Vivir"; J. Krishnarmuti—

jueves, 10 de diciembre de 2015

¿No han observado esto en sí mismos y en las personas adultas que les rodean?

14. Hay diversos factores implicados en la desintegración humana y hay diversas maneras en que los hombres se
desintegran. Integrar es unir, completar. Si ustedes están integrados, sus pensamientos, sentimientos y acciones son enteramente una unidad que se mueve en un solo sentido, no se contradicen entre sí. Cada uno es, entonces, un ser humano total, sin conflicto. Eso es lo que implica la integración. Desintegrar es lo opuesto de eso, es desmoronar, despedazar, dispersar lo que ha sido unido. Y hay muchas maneras en que los seres humanos se desintegran, se desmoronan, se destruyen a sí mismos. Pienso que uno de los factores principales es el sentimiento de envidia, el cual es tan sutil que se le considera, bajo diferentes nombres, como valioso, útil, un elemento digno de estima en la conducta humana.

¿Saben lo que es la envidia? Empieza cuando todavía son muy pequeños: se sienten envidiosos de un amiguito que tiene mejor apariencia, que posee cosas mejores o una mejor posición social. Sienten celos si otro niño u otra niña les supera en la clase, si tiene padres ricos o si pertenece a una familia más distinguida.

Así, la envidia o los celos empiezan a una edad muy temprana y gradualmente adoptan la forma de la competencia. Ustedes quieren hacer algo que les distinga, obtener mejores notas, ser mejores atletas que
algún otro compañero, quieren superar a los demás, brillar más que ellos.

A medida que van creciendo, la envidia se vuelve más y más fuerte. El pobre envidia al rico y el rico envidia al
más rico. Está la envidia de aquéllos que han tenido experiencias y quieren tener más experiencias, y la envidia del escritor que quiere escribir mejor todavía. El deseo mismo de ser mejor, de convertirse en algo meritorio, de tener más de esto o de aquello, es afán adquisitivo, es el proceso de acumular, de guardar. Si lo observan, verán que casi todos tenemos el instinto de adquirir, de poseer más y más saris, más ropas, más casas, más propiedades. Y si no es eso, entonces queremos más experiencias, más conocimiento; deseamos sentir que sabemos más que algún otro, que hemos leído mucho más que otro. Queremos estar más cerca que otros de algún funcionario importante con alta posición en el gobierno, o sentir que espiritualmente, internamente, estamos más evolucionados que los demás. Queremos ser conscientes de que somos humildes, virtuosos, de que podemos explicar cosas que otros no pueden.

Así, cuanto más adquirimos, mayor es nuestra desintegración. Cuanto más propiedades, más fama, más
experiencia, más conocimiento acumulamos, más rápido es nuestro deterioro. Desde el deseo de ser o de adquirir más, brota la enfermedad universal de los celos, de la envidia. ¿No han observado esto en sí mismos y en las personas adultas que les rodean? ¿No han advertido cómo el maestro desea ser profesor y el profesor desea ser el director? ¿O cómo el propio padre o la madre de ustedes desean más propiedades, mayor reputación?
En la lucha por adquirir nos volvemos crueles. En la adquisición no hay amor. El modo adquisitivo de vida es
una batalla constante con nuestro prójimo, con la sociedad, batalla en la que hay un permanente temor; pero justificamos todo esto y aceptamos los celos como inevitables. Pensamos que debemos ser adquisitivos,
aunque designemos eso con una palabra que suena mejor: lo llamamos evolución, crecimiento, desarrollo,
progreso, y decimos que es algo esencial.

Vean, muy pocos estamos conscientes de esto; no nos damos cuenta de que somos codiciosos, adquisitivos,
de que nuestros corazones se hallan devorados por la envidia, de que nuestras mentes se están deteriorando.
Y cuando por un instante tomamos conciencia de esto, lo justificamos o decimos meramente que está mal o
tratamos de escapar de ello de diversas maneras.
La envidia es una cosa muy difícil de revelar o descubrir en uno mismo, porque la mente es el centro de la
envidia, la mente misma es envidiosa. La propia estructura de la mente está edificada sobre la adquisición y la envidia. Si observamos nuestros pensamientos, el modo como pensamos, veremos que lo que llamamos
pensar es generalmente un proceso de comparación: "Yo puedo explicarme mejor, tengo un conocimiento mayor, más sabiduría". Pensar en términos del "más" es la operación de la mente adquisitiva, es su modo de
existencia. Si ustedes no piensan en términos del "más", encontrarán que es extremadamente difícil pensar en
absoluto. La persecución del "más" es el movimiento comparativo del pensar, el cual crea el tiempo: tiempo
para llegar a ser, para ser "alguien"; ése es el proceso de la envidia, de la adquisición. Pensando comparativamente, la mente dice: "Soy esto, y algún día seré aquello"; "Soy feo, pero seré hermoso en el futuro". De modo que el afán adquisitivo, la envidia, el pensar comparativo produce descontento, inquietud; y
nuestra reacción a eso es decir que debemos estar satisfechos con nuestra suerte, que debemos contentarnos con lo que tenemos. Eso es lo que dicen las personas que se encuentran en la parte superior de la escalera.

Las religiones predican universalmente el contentamiento.
El verdadero contentamiento no es una reacción, no es lo opuesto del espíritu adquisitivo; es algo mucho más
vasto y mucho más significativo. El hombre cuyo contentamiento es lo opuesto del espíritu adquisitivo, de la envidia, es como un vegetal, internamente es una entidad muerta, como lo está la mayoría de la gente. Casi
todas esas personas que están tranquilas es porque internamente están muertas, y están muertas internamente porque han cultivado lo opuesto -lo opuesto de todo lo que son realmente-. Siendo envidiosas, dicen: "No debo ser envidioso". Podrán negar la perpetua lucha de la envidia poniéndose un taparrabo y diciendo que no van a adquirir cosas; pero este deseo mismo de ser buenos, de no ser adquisitivos, deseo que implica lo opuesto de lo otro, sigue estando dentro del campo del tiempo, sigue formando parte del sentimiento de envidia, porque todavía desean ser alguna cosa. El verdadero contentamiento no es así, es algo mucho más creativo y
profundo. No hay contentamiento cuando optamos por estar contentos; el contentamiento no llega de ese
modo. Llega cuando comprendemos lo que somos realmente y no perseguimos lo que deberíamos ser.

Ustedes piensan que estarán contentos cuando hayan logrado todo lo que desean. Pueden desear ser un
gobernador, un gran santo, y piensan que alcanzando ese objetivo estarán contentos. En otras palabras, esperan llegar al contentamiento mediante el proceso de la envidia. A través de un medio incorrecto esperan
alcanzar un resultado correcto. El contentamiento no es satisfacción, es algo muy vital. Es un estado de creatividad en el que se comprende lo que realmente se es. Si comienzan a comprender lo que realmente son
de instante en instante, de día en día, descubrirán que desde esta comprensión surge un estado extraordinario
de inmensidad, de comprensión sin límites. O sea, que si somos codiciosos, lo que importa es comprender
nuestra codicia y no tratar de volvemos no codiciosos; porque el deseo mismo de volverse no codicioso sigue
siendo una forma de codicia.

Nuestra estructura religiosa, nuestras maneras de pensar, nuestra vida social, todo lo que hacemos se basa
en el afán adquisitivo, en una perspectiva envidiosa, y durante siglos nos han educado de ese modo. Estamos
tan condicionados a eso que no podemos pensar aparte de "lo mejor", de lo "más"; debido a eso hacemos que
la envidia sea algo deseable. No lo llamamos envidia, lo llamamos con diversos términos eufemísticos; pero si
miran detrás de la palabra, verán que este deseo extraordinario por el "más" es egocéntrico, que les encierra en sí mismos. Limita el pensamiento.
La mente limitada por la envidia, por el "yo", por el deseo adquisitivo de cosas o virtud, jamás puede ser una
verdadera mente religiosa. La mente religiosa no es una mente comparativa. La mente religiosa ve y comprende el significado pleno de lo que es. Por eso es muy importante que nos comprendamos a nosotros
mismos, lo cual equivale a percibir el funcionamiento de nuestra propia mente: los motivos, las intenciones, los
anhelos, los deseos, la constante presión de perseguir cosas, presión que engendra envidia, afán adquisitivo y
comparación. Cuando todo esto haya llegado a su fin mediante la comprensión de lo que es, sólo entonces
conocerán ustedes la verdadera religión, sabrán lo que es Dios.

Interlocutor: La verdad, ¿es relativa o absoluta?

K.: En primer lugar, miremos a través de las palabras el significado de la pregunta. Deseamos algo absoluto,
¿no es así? El anhelo humano es por algo permanente, fijo, inmóvil, eterno, algo que no se deteriore, que no
conozca la muerte: una idea, un sentimiento, un estado perdurable al que la mente pueda aferrarse. Tenemos
que comprender este anhelo antes de que podamos comprender la pregunta y contestarla apropiadamente.
La mente humana desea permanencia en todo, en la relación, en la propiedad, en la virtud. Desea algo que
no pueda ser destruido. Por eso decimos que Dios es permanente o que la verdad es absoluta.
¿Pero qué es la verdad? ¿Es algún misterio extraordinario, algo muy lejano, inimaginable, abstracto? ¿O la verdad es algo que uno descubre de instante en instante, de día en día? Si puede ser acumulada, reunida a través de la experiencia, entonces no es la verdad, porque detrás de esta acumulación alienta el mismo espíritu adquisitivo. Si es algo muy lejano que sólo puede ser encontrado mediante un sistema de meditación o mediante la práctica de la abnegación y el sacrificio, eso tampoco es la verdad, porque también es un proceso adquisitivo.
La verdad es para ser descubierta y comprendida en cada acción, en cada pensamiento, en cada sentimiento, por efímero o trivial que sea. Es para ser observada en cada instante de cada día, para ser escuchada en lo que dicen el marido o la esposa, en lo que dice el jardinero, en lo que dicen los amigos y en el proceso de nuestro propio pensar. Nuestro pensar puede ser falso, puede estar condicionado, limitado; y descubrir que nuestro pensar está limitado, condicionado, es la verdad. Ese descubrimiento mismo libera a la mente de su limitación. Si uno descubre que es codicioso - si lo descubre no sólo porque algún otro se lo diga -, ese descubrimiento es la verdad, y esa verdad tiene su propia acción sobre nuestra codicia.
La verdad no es algo que uno pueda adquirir, acumular, guardar y después contar con ella como una guía.
Ésa es sólo otra forma de posesión. Y es muy difícil para la mente no adquirir, no guardar. Cuando comprendas el significado de esto, descubrirás qué cosa extraordinaria es la verdad. La verdad es intemporal, pero en el instante en que la capturamos, como cuando decimos: "He descubierto la verdad, es mía", eso ya no
es más la verdad.
Por lo tanto, que la verdad sea "absoluta" o intemporal, depende de la mente. Cuando la mente dice: 'Quiero
lo absoluto, algo que jamás se deteriore, que no conozca la muerte", lo que en realidad desea es algo permanente para aferrarse a ello; de modo que crea lo permanente. Pero una mente que se da cuenta de todo lo que ocurre fuera y dentro de ella misma y ve la verdad de ello, una mente así es intemporal; y sólo una mente semejante puede conocer aquello que está más allá de todos los nombres, más allá de lo permanente y de lo impermanente.

Interlocutor: ¿Qué es la conciencia externa?

K.: ¿No eres consciente de que estás sentado en esta sala? ¿No eres consciente de los árboles, de la puesta
de sol? ¿No eres consciente del cuervo que grazna, del perro que ladra? ¿Acaso no ves el color de las flores, el
movimiento de las hojas, no ves a la gente que pasa caminando? Ésa es la conciencia externa. Cuando ves la
puesta de sol, las estrellas en la noche, la luz de la luna sobre el agua, todo eso es conciencia externa, ¿verdad? Y tal como estás consciente externamente, también puedes estar internamente consciente de tus pensamientos y sentimientos, de tus motivos e impulsos, de tus prejuicios, de tu envidia, de tu codicia y tu orgullo. Si estás de verdad consciente externamente, la conciencia interna también comienza a despertarse y te vuelves más y más consciente de tu reacción a lo que dice la gente, a lo que lees, etcétera. La reacción o respuesta externa en tu relación con otras personas es el resultado de un estado interno constituido por deseos, esperanzas, ansiedad, temor. Esta conciencia externa e interna es un proceso unitario que produce una integración total de la comprensión humana.

Interlocutor: ¿Qué es la verdadera y eterna felicidad?

K.: Cuando estás completamente sano no eres consciente de tu cuerpo, ¿verdad? Sólo cuando hay
enfermedad, molestia, dolor, te vuelves consciente de él. Cuando estás libre para pensar completamente, sin
resistencias, no existe una conciencia del pensar. Sólo cuando hay una fricción, un bloqueo, una limitación,
comienzas a tener conciencia de un pensador. De igual manera, ¿es la felicidad algo de lo que eres consciente? En el instante de felicidad, ¿estás consciente de que eres feliz? Sólo cuando eres desdichado
anhelas la felicidad, y entonces se suscita la pregunta: "¿Qué es la verdadera y eterna felicidad?
Ya ves cómo la mente juega trucos consigo misma. A causa de que te sientes triste, desdichado, en
circunstancias insatisfactorias y demás, deseas algo eterno, una felicidad permanente. ¿Existe una cosa
semejante? En vez de preguntar sobre la felicidad permanente, descubre cómo estar libre de las
enfermedades que te roen creando dolor tanto físico como psicológico. Cuando eres libre no hay problema, no
preguntas si existe la felicidad eterna o qué es la felicidad. Es un hombre perezoso, tonto, el que estando en
prisión quiere saber qué es la libertad; y son personas perezosas, tontas, las que se lo dirán. Para el hombre
que se encuentra en la prisión, la libertad es especulación pura. Pero si sale de esa prisión, no especula acerca
de la libertad; la libertad está ahí.
¿No es importante, entonces, en vez de preguntar qué es la felicidad, descubrir por qué somos desdichados?
¿Por qué está mutilada la mente? ¿Cuál es la razón de que nuestros pensamientos sean limitados, pequeños,
mezquinos? Si podemos comprender la limitación del pensamiento, ver la verdad el respecto, en ese
descubrimiento de la verdad hay liberación.

Interlocutor: ¿Por qué desea cosas la gente?

K.: ¿No deseas comida cuando tienes hambre? ¿No deseas ropas que te abriguen y una casa para albergarte? Éstos son deseos normales, ¿no es así? La gente sana reconoce naturalmente que necesita ciertas cosas. Es sólo el hombre enfermo o desequilibrado el que dice: "Yo no necesito comida". Es una mente extraviada la que necesita tener muchas casas o ninguna casa en absoluto donde vivir.
Tu cuerpo tiene hambre porque estás usando energía y entonces quiere más alimento; eso es normal. Pero
si dices: "Tengo que tener las comidas más sabrosas, tengo que tener solamente la comida que proporcione
placer a mi paladar", entonces comienza la perversión. Todos nosotros -no sólo los ricos sino todos en el
mundo- debemos tener comida, ropas y albergue; pero si estas necesidades físicas se limitan, se controlan y se tornan accesibles sólo para unos pocos, entonces hay perversión, se pone en marcha un proceso anormal. Si
uno dice: "Debo acumular, debo tenerlo todo para mí", está privando a otros de aquello que es esencial para
sus necesidades cotidianas.
Mira, el problema no es sencillo, porque deseamos otras cosas además de las que son esenciales paranuestras necesidades cotidianas. Puedo satisfacerme con poca comida, unas cuantas ropas y un lugarpequeño donde vivir; pero deseo algo más. Deseo ser una persona conocida, deseo posición social, poder,prestigio, deseo estar lo más cerca posible de Dios, deseo que mis amigos piensen bien de mí, etc. Estosdeseos internos pervierten los intereses externos de todos los seres humanos. El problema es un poco difícil,porque el deseo interno de ser el hombre más rico o más poderoso, el impulso de ser alguien depende, para susatisfacción, de la posesión de cosas, incluyendo alimento, ropas y albergue. Me apoyo en estas cosas a fin deenriquecerme internamente; pero en tanto me encuentre en este estado de dependencia, es imposible que searico internamente, porque esto último implica ser totalmente sencillo en lo interno.

— J. Krishnamurti; "El Arte de Vivir" —

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿NI HÉROES, NI EJEMPLOS, NI IDEALES?

Lo que estoy diciendo en todas estas conversaciones no es algo para ser meramente recordado. Su propósito no es que ustedes traten de acumular en la mente lo que oyen, que se acuerden de ello y después piensen o actúen al respecto. Si simplemente acumulan en sus mentes lo que les estoy diciendo, eso no será más que memoria, no será una cosa viva, algo que comprenden realmente. Lo que importa es la comprensión, no el recuerdo. Espero que vean la diferencia entre ambas cosas. La comprensión es inmediata, directa, es algo que ustedes experimentan intensamente. Pero si sólo recuerdan lo que han oído, ello servirá solamente como un patrón, como una guía para seguir, para repetir, una idea para imitar, un ideal sobre el cual basar sus vidas. La comprensión no es un asunto de la memoria. Es una intensidad constante, un descubrimiento permanente.
Por lo tanto, si sólo recuerdan aquello de que hablo, compararán y tratarán de modificar sus acciones o de
ajustarlas a lo que recuerdan. Pero si realmente comprenden, esa comprensión misma genera acción, y
entonces no tienen que actuar conforme a lo que recuerden. Por eso es muy importante no limitarse a
recordar, sino escuchar y comprender instantáneamente.

Cuando ustedes recuerdan ciertas palabras, ciertas frases, o rememoran ciertos sentimientos que se
despertaron aquí y comparan aquello que hacen con lo que recuerdan, existe siempre una lucha entre esa
acción y lo recordado. Pero si de verdad comprenden, no copian. Cualquiera que posea cierta capacidad puede recordar palabras y aprobar exámenes; pero si comienzan a comprender todo lo implicado en aquello
que ven, que oyen, que sienten, esa comprensión misma genera una acción que ustedes no tienen que dirigir,
moldear ni controlar.

Si meramente recuerdan, estarán siempre comparando; la comparación engendra envidia y sobre esa envidia
se basa toda nuestra sociedad adquisitiva. La comparación jamás dará origen a la comprensión. En la
comprensión hay amor, mientras que la comparación es mera intelectualización, es un proceso mental que
consiste en imitar, en seguir, proceso en el que siempre existe el peligro del conductor y el conducido.

¿Alcanzan a ver esto?
En este mundo, la estructura de la sociedad se basa en el que conduce y los que son conducidos, en el ejemplo y los que siguen el ejemplo, en el héroe y los adoradores del héroe. Si investigan este proceso de conducir y ser conducido, encontrarán que cuando siguen a otro no hay iniciativa. No hay libertad ni para ustedes ni para el que conduce; porque ustedes crean al que les conduce y entonces éste les controla. En tanto estén siguiendo un ejemplo de renunciamiento, de grandeza, de sabiduría, de amor, en tanto tengan un ideal que deba ser recordado y copiado, habrá inevitablemente una brecha, una división entre el ideal y la acción que desarrollan. Un hombre que realmente ve la verdad de esto, no tiene ideales ni ejemplos, no sigue a nadie. Para él no hay ni gurú ni mahatma ni conductor heroico. Está comprendiendo constantemente lo que hay dentro de él mismo y lo que escucha de otros, ya sea de sus padres, de un maestro, de una persona como yo, que ocasionalmente entra en su vida.
Si ahora están escuchando y comprendiendo, entonces no siguen ni imitan; por lo tanto, no temen, y entonces
hay amor.

Es esencial que todo lo vean muy claramente por sí mismos, de manera que no sean fascinados por héroes
ni hipnotizados por ejemplos, por ideales. Los ejemplos, los héroes, los ideales tienen que ser recordados y se
olvidan fácilmente; por eso necesitan tener un recordatorio constante en la forma de una pintura, un ídolo, un eslógan. Al seguir un ideal, un ejemplo, están meramente recordando, y en el recuerdo no hay comprensión.
Están comparando lo que son con lo que quieren ser, y esa comparación misma engendra autoridad, envidia y
miedo; y en eso no hay amor.

Por favor, escuchen muy atentamente todo esto y compréndanlo de modo que no tengan que seguir a líderes ni tengan que imitar o copiar ejemplos e ideales, porque entonces serán individuos libres con dignidad humana.
No pueden ser libres si están comparándose perpetuamente con el ideal, con lo que deberían ser. Comprender lo que son realmente -por feos o hermosos o temerosos que sean- no es una cuestión de memoria, de recordar un ideal. Tienen que observarse, tienen que estar atentos a sí mismos, de instante en instante, en la relación humana. Estar conscientes de lo que son en realidad, es el proceso de la comprensión.
Si realmente comprenden de qué estoy hablando, si lo escuchan completamente, estarán libres de todas las
cosas totalmente falsas que las pasadas generaciones han creado. No estarán agobiados por la imitación, por
la mera repetición de un ideal, lo cual sólo mutila la mente engendrando temor y envidia. Puede que inconscientemente estén escuchando esto de manera muy intensa. Espero que así sea, porque entonces
verán qué transformación extraordinaria adviene con el escuchar profundo y la libertad respecto de la limitación.

Interlocutor: La belleza, ¿es objetiva o subjetiva?

K.: Ves algo hermoso, el río desde el balcón; o ves a un niño en harapos que llora. Si no eres sensible, si no te das cuenta de todo lo que te rodea, entonces pasas de largo y ese acontecimiento tiene muy poco valor. Una mujer va caminando con una carga sobre la cabeza. Sus ropas están sucias, ella se ve hambrienta y cansada.
¿Ves el color de su sari, por manchado que pueda estar? Están estas influencias objetivas que te rodean; y si
careces de sensibilidad, jamás las apreciarás, ¿verdad?
Ser sensible es estar atento no sólo a las cosas bellas sino también a las que llamamos feas. El río, los campos verdes, los árboles en la distancia, las nubes de un atardecer, a estas cosas las llamamos bellas. A los aldeanos sucios, medio muertos de hambre, a las personas que viven en la escualidez o a las que tienen muy poca capacidad de pensamiento, de sentimiento, a todo esto lo llamamos feo. Ahora bien, si lo observan, verán que lo que hace la mayoría de nosotros es aferrarse a lo bello y desechar lo feo. ¿Pero acaso no es importante ser sensibles tanto a la belleza como a lo que llamamos fealdad? La falta de esta sensibilidad es la causa de que dividamos la vida en lo feo y lo bello. Pero si somos abiertos, receptivos, sensibles tanto a lo feo como a lo bello, entonces veremos que ambos están llenos de significado, y esta percepción enriquece la vida.
Entonces, ¿es subjetiva u objetiva la belleza? Si uno fuera ciego, si fuera sordo y no pudiera escuchar ninguna música, ¿carecería de belleza? ¿O la belleza es algo interno? Puede que uno no vea con sus ojos, que no escuche con sus oídos, pero si experimenta este estado de hallarse realmente abierto, sensible a todo, si está profundamente consciente de todo lo que ocurre dentro, consciente de cada pensamiento, de cada sentimiento, ¿acaso no hay belleza también en eso? Pero ya lo ven, pensamos que la belleza es algo exterior a nosotros. Por eso compramos pinturas y las colgamos en la pared. Queremos poseer hermosos saris, trajes, turbantes; queremos rodeamos de cosas bellas, porque tememos que sin un recordatorio objetivo perderíamos algo internamente.
¿Pero es posible dividir la vida, todo el proceso de la existencia, en lo subjetivo y lo objetivo? ¿Acaso no es un
proceso unitario? Sin lo externo no existe lo interno; sin lo interno no existe lo externo.

Interlocutor: ¿Por qué los fuertes reprimen a los débiles?

K.: ¿Reprimes tú al débil? Descubrámoslo. En una discusión o en cuestiones de fuerza física, ¿no apartas
del camino a tu hermano menor, al que es más pequeño que tú? Es porque deseas afirmarte a ti mismo.
Quieres mostrar tu fuerza, mostrar que eres mejor o más poderoso, de modo que dominas y apartas al más pequeño, te das importancia. Lo mismo sucede con los adultos. Son más grandes que tú, conocen un poco más que tú porque han leído libros, tienen una posición, dinero, autoridad, de modo que te reprimen, te hacen a un lado; y tú aceptas que te hagan a un lado; entonces, reprimes a alguien que está debajo de ti. Cada cual quiere afirmarse a sí mismo, dominar, mostrar que tiene poder sobre otros. Casi ninguno de nosotros quiere ser como nada. Queremos ser alguien, y el mostrar poder sobre otros nos proporciona satisfacción, nos hace sentir que somos alguien.

Interlocutor: ¿Por eso el pez más grande se traga al pequeño ?

K.: En el mundo animal tal vez sea natural que el pez grande viva del pequeño. Es algo que no podemos cambiar. Pero el ser humano grande no necesita vivir del ser humano pequeño. Si sabemos cómo utilizar nuestra inteligencia, podemos dejar de vivir uno del otro, no sólo físicamente sino también en el sentido psicológico. Ver este problema y comprenderlo, lo cual implica tener inteligencia, es dejar de vivir del otro.
Pero casi todos queremos vivir de otros, de modo que nos aprovechamos de alguno que es más débil que nosotros. La libertad no implica estar libres para hacer lo que nos plazca. Sólo puede haber verdadera libertad cuando hay inteligencia; y la inteligencia adviene cuando comprendemos la relación, la relación entre tú y yo, la
relación entre cada uno de nosotros y alguna otra persona.

Interlocutor: ¿Es verdad que los descubrimientos científicos hacen que nuestras vidas sean más fáciles de
vivir?

K.: ¿No han hecho más fácil tu vida? Tienes electricidad, ¿no es así? Mueves un interruptor y tienes luz. En este lugar hay un teléfono, puedes hablar si lo deseas a un amigo en Bombay o en Nueva York. ¿No es fácil eso? 0 puedes tomar un avión e ir rápidamente a Delhi o a Londres. Estas cosas son el resultado de los descubrimientos científicos y han hecho más fácil la vida. La ciencia ha ayudado a curar enfermedades; pero también nos ha dado la bomba de hidrógeno, que puede matar a millares de seres humanos. Por lo tanto, como la ciencia está descubriendo constantemente más y más, si no empezamos a utilizar con inteligencia, con amor el conocimiento científico, vamos a destruirnos a nosotros mismos.

Interlocutor: ¿Qué es la muerte?

K.: ¿Qué es la muerte? ¡Qué pregunta para una niñita!
Has visto los cuerpos que llevan al río; has visto hojas muertas, árboles muertos; sabes que las frutas se marchitan y se pudren. Las aves que están tan llenas de vida en la mañana, parloteando, llamándose unas a otras, puede que estén muertas a la noche. La persona que está viva puede ser abatida por un desastre mañana. Vemos que ocurre todo esto. La muerte es común a todos nosotros, todos terminaremos de ese modo. Podemos vivir treinta, cincuenta u ochenta años, gozando, sufriendo, temiendo, y al final de ello ya no estamos más.
¿Qué es eso que llamamos el vivir y qué es lo que llamamos muerte? Es realmente un problema complejo y
no sé si quieren investigarlo. Si pudiéramos descubrir, comprender qué es el vivir, quizá comprenderíamos qué
es la muerte. Cuando perdemos a alguien a quien amamos, nos sentimos desconsolados, solos; en consecuencia, decimos que la muerte no tiene nada que ver con el vivir. Separamos la muerte de la vida.
¿Pero está la muerte separada de la vida? ¿No es el vivir un proceso de morir?
¿Qué significa el vivir, para la mayoría de nosotros? Significa el acumular, elegir, sufrir, reír. Y en el trasfondo, detrás de todo el placer y el dolor, está el miedo: el miedo de que llegue el fin, el miedo a lo que va a suceder mañana, el miedo de no tener nombre ni fama, de no tener propiedad ni posición social, de que termine todo lo que queremos que continúe. Pero la muerte es inevitable; entonces nos preguntamos:"¿Qué sucede después de la muerte?"
Y bien, ¿qué es lo que llega a su fin en la muerte? ¿La vida? ¿Es la vida meramente un proceso de inspirar y
expeler el aire? Comer, odiar, amar, adquirir, poseer, comparar, envidiar... esto es lo que la mayoría de nosotros conoce de la vida. Para la mayoría, la vida es un sufrimiento, una batalla constante de dolor y placer, esperanza y frustración. ¿Y no puede eso terminar? ¿Acaso no deberíamos morir? En el otoño, con la llegada
del tiempo frío, las hojas caen de los árboles y reaparecen en primavera. ¿No deberíamos, de igual modo, morir a todo lo de ayer, a todas nuestras acumulaciones y esperanzas, a todos los éxitos que hemos cosechado?
¿No deberíamos morir a todo eso y vivir de nuevo mañana, de manera que, como una hoja nueva, fuéramos
puros, tiernos, sensibles? Para el hombre que dice: "Yo soy alguien y tengo que continuar", para él siempre hay
muerte y ghat crematorio; y ese hombre no conoce el amor.


— J. Krishnamurti; "El Arte de Vivir" 

domingo, 6 de diciembre de 2015

¿AMOR, SIMPATÍA, COMPRENSIÓN O TODO JUNTO?

12. ¿No es acaso muy importante, mientras somos jóvenes, que se nos ame y también saber qué significa amar?
Pero me parece que muy pocos de nosotros amamos o somos amados. Y creo que es esencial, mientras
somos jóvenes, investigar este problema muy seriamente y comprenderlo; porque entonces quizá podamos ser lo bastante sensibles como para sentir amor, conocer su cualidad, su perfume, de modo que cuando crezcamos éste no sea completamente destruido.

Consideremos, pues, esta cuestión.
¿Qué significa amar? ¿Es un ideal, algo lejano, inalcanzable? ¿O puede ser sentido por cada uno de
nosotros, en raros momentos del día? Tener la cualidad de la simpatía, de la comprensión, ayudar a alguien naturalmente sin ningún motivo, ser espontáneamente amable, cuidar con esmero una planta o un perro, ser compasivo con el aldeano, generoso con el amigo, con un vecino, ¿no es esto lo que entendemos por amor? ¿No es el amor un estado en el que no hay sentido alguno de resentimiento sino una perpetua indulgencia? ¿Acaso no es posible sentir esto mientras somos jóvenes?
Muchos de nosotros experimentamos este sentimiento en la juventud: un súbito flujo de simpatía por el aldeano, por un perro, por aquellos que son pequeños o desvalidos. ¿No deberíamos tender constantemente a eso? ¿No deberían ustedes dedicar alguna parte del día para ayudar a otro, para cuidar un árbol o un jardín, para ayudar en la casa o en la posada, de modo que cuando alcancen la madurez sepan lo que significa ser naturalmente considerados, sin esfuerzo ni motivo alguno? ¿No deberían tener esta calidad del verdadero afecto?

El verdadero afecto no puede generarse artificialmente, tenemos que sentirlo, y también deben sentirlo sus tutores, sus padres, sus maestros. Muy pocas personas sienten verdadero afecto; están demasiado interesadas en sus realizaciones personales, en sus anhelos, en sus conocimientos, en su éxito. Dan a lo que han hecho y a lo que desean hacer, una importancia tan colosal que finalmente las destruye.

Por eso es muy importante, mientras son jóvenes, que se ocupen de las habitaciones o cuiden una cantidad
de árboles que ustedes mismos hayan plantado o vayan a asistir a un amigo enfermo, de modo que haya un sutil sentimiento de simpatía, de interés, de generosidad -generosidad auténtica que no es de la mente y que les hace querer compartir con alguien cualquier cosa que puedan poseer, por pequeña que sea-.
Si no tienen este sentimiento de amor, de generosidad, de bondad, de delicadeza, mientras son jóvenes, será muy difícil que lo tengan cuando sean mayores; pero si empiezan a tenerlo ahora, entonces tal vez podrán despertarlo en otros.

Tener simpatía y afecto implica estar libres del temor, ¿no es así? Pero ya lo ven, es muy difícil crecer en
este mundo sin temor, sin tener algún motivo personal para actuar. Las personas mayores jamás han reflexionado acerca de este problema del temor o lo han considerado solamente de manera abstracta, sin
actuar sobre el temor en sus existencias cotidianas. Ustedes son todavía muy jóvenes, observan, inquieren,
aprenden, pero si no ven y comprenden qué es lo que causa el temor, se volverán como sus mayores. El temor crecerá como una especie de maleza oculta y se extenderá por sus mentes, deformándolas. Por lo tanto, deben estar alerta a todo lo que ocurre alrededor y dentro de ustedes -cómo hablan sus maestros, cómo se comportan sus padres y cómo responden ustedes-, de modo que puedan ver y comprender esta cuestión del temor.

La mayoría de los adultos piensa que es necesaria alguna clase de disciplina. ¿Saben ustedes qué es la
disciplina? Es un proceso por el cual se les fuerza a hacer algo que no quieren hacer. Donde hay disciplina,
hay miedo; por consiguiente, la disciplina no es la vía del amor. Es por eso por lo que la disciplina debe evitarse a toda costa, siendo la disciplina coacción, resistencia, compulsión, forzarles a hacer lo que no comprenden o persuadirles a que lo hagan ofreciéndoles un premio. Si no comprenden algo, no lo hagan ni se esfuercen por hacerlo. Pidan una explicación; no sean meramente obstinados, traten de descubrir la verdad del asunto de manera que no haya temor alguno implicado y la mente de ustedes se vuelva muy flexible, muy dúctil.

Cuando no comprenden y son meramente obligados por la autoridad de los mayores, están reprimiendo la
propia mente, y entonces surge el temor; y ese temor les persigue como una sombra a lo largo de toda la vida.
Por eso es tan importante que no se les discipline según algún tipo particular de pensamiento o modelo de acción. Pero casi todos los adultos sólo pueden pensar en esos términos. Quieren inducirles a hacer algo por el así llamado bien de ustedes. Este proceso mismo de inducirles a que hagan algo por el propio "bien" de ustedes, es destructivo para la sensibilidad, para la capacidad de comprender; por lo tanto destruye el amor.

Es muy difícil negarse a ser coaccionado u obligado, porque el mundo que nos rodea tiene mucha fuerza; pero si meramente cedemos y hacemos cosas sin comprenderlas, caemos en el hábito de la irreflexión y entonces se vuelve aún más difícil para nosotros salirnos de ello.
Por lo tanto, ¿tiene que haber autoridad y disciplina en la escuela? ¿O deberían sus maestros asentarles a
discutir estas cuestiones, a investigarlas, a comprenderlas a fin de que, cuando hayan crecido y salgan al mundo, sean seres humanos maduros capaces de afrontar inteligentemente los problemas que el mundo habrá de presentarles? Ustedes no pueden tener esa profunda inteligencia, si existe alguna clase de temor. El temor tan sólo les embota, les refrena la iniciativa, apaga ese fuego que llamamos simpatía, generosidad, afecto, amor. De modo que no se dejen disciplinar dentro de un patrón de acción, sino descubran, lo cual implica que deben tener tiempo para cuestionar, para investigar; y los maestros también deben tener tiempo. Si no hay
tiempo, entonces deben conseguirlo.

El temor es una fuente de corrupción, es el principio de la degeneración, y estar libres de temor es más importante que cualquier examen o cualquier título académico.

Interlocutor: ¿Qué es el amor en sí mismo?

K.: ¿Qué es el amor intrínsecamente? ¿Es eso lo que quieres decir? ¿Preguntas qué es el amor sin motivo,
sin incentivo? Escucha atentamente y lo descubrirás. Estamos examinando la pregunta, no estamos buscando la respuesta. Al estudiar matemáticas o al formular una pregunta, la mayoría de nosotros se interesa más en encontrar la respuesta que en comprender el problema. Comprendamos, pues, qué es el problema y no busquemos una respuesta, ya sea una respuesta del Bhagavad Gita, del Corán, de la Biblia o de algún profesor o conferenciante. Si podemos comprender realmente el problema, la respuesta surgirá de él; porque la respuesta está en el problema, no está separada del problema.
El problema es: ¿Qué es el amor sin motivo? ¿Puede haber amor sin ningún incentivo, sin que uno desee
nada para sí mismo del amor? ¿Puede haber amor sin que uno se sienta lastimado cuando el amor no es
retribuido? Si yo te ofrezco mi amistad y tú la rechazas, ¿no me siento lastimado? Ese sentirse lastimado, ¿es el resultado de la amistad, de la generosidad, de la simpatía? Ciertamente, en tanto me sienta lastimado, en tanto haya temor, en tanto te ayude esperando que tú puedas ayudarme -a lo cual llaman servicio-, no hay amor.
Si comprendes esto, la respuesta está ahí.

Interlocutor: ¿Qué es la religión?

K.: ¿Quieres una respuesta de mí o quieres descubrirla por ti mismo? ¿Estás buscando una respuesta de
alguien, por grande o necio que pueda ser? ¿O estás realmente tratando de descubrir la verdad acerca de lo
que es la religión?
Para descubrir qué es la verdadera religión, tienes que descartar todo lo que estorba. Si tienes muchas ventanas pintadas o sucias y quieres ver la luz pura del sol, debes limpiar o abrir las ventanas o salir fuera. De igual modo, para descubrir qué es la verdadera religión, primero tienes que ver lo que no es verdadera religión y desecharlo. Entonces puedes descubrir, porque hay percepción directa. Veamos, pues, lo que no es religión.
Hacer adoración, practicar un ritual, ¿es eso religión? Repites una y otra vez cierto ritual, cierto mantra frente a un
altar o un ídolo. Eso puede proporcionarte una sensación de placer, de satisfacción, ¿pero es religión eso?
Ponerse el hilo sagrado, llamarse uno hindú, budista, cristiano, aceptar ciertas tradiciones, dogmas, creencias,
¿tiene todo eso algo que ver con la religión? Obviamente, no. Por lo tanto, la religión debe ser algo que puede encontrarse sólo cuando la mente ha comprendido y desechado todo esto.
La religión, en el verdadero sentido de la palabra, no genera separación, ¿verdad? ¿Pero qué sucede cuando tú eres musulmán y yo soy cristiano, o cuando yo creo en algo y tú no crees en eso? Nuestras creencias nos separan; por lo tanto, nuestras creencias no tienen nada que ver con la religión. El hecho de que tú creas de una manera y yo de otra, depende mayormente de dónde hayamos nacido, ya sea en Inglaterra, en la India, en Rusia o en América. De modo que la creencia no es religión, es solamente el resultado de nuestro
condicionamiento.
Luego está la búsqueda de la salvación personal. Quiero estar a salvo, quiero alcanzar el nirvana o el cielo; tengo que encontrar un sitio cerca de Jesús, cerca de Buda o a la diestra de un Dios en particular. Tu creencia no me proporciona una satisfacción profunda, no me da consuelo; por lo tanto, tengo mi propia creencia que sí lo hace. ¿Es religión eso? Por cierto, nuestra mente debe estar libre de todas estas cosas para descubrir lo que es la verdadera religión.
Y, ¿es la religión meramente una cuestión de hacer el bien, de servir o de ayudar a otros? ¿O es algo más?
Lo cual no quiere decir que no podamos ser generosos o amables. ¿Pero eso es todo? ¿Acaso la religión no es
algo más grande, más puro, más inmenso, más expansivo que todo lo concebido en la mente?
Para descubrir, pues, lo que es la verdadera religión, debemos investigar profundamente todas estas cosas y
estar libres del temor. Es como salir de una casa oscura, a la luz del sol. Entonces no preguntarás qué es la verdadera religión; lo sabrás. Habrá una experiencia directa de aquello que es ver

Interlocutor: Si alguien es desdichado y quiere ser feliz, ¿eso es ambición?

K.: Cuando uno está sufriendo quiere estar libre del sufrimiento. Eso no es ambición, ¿verdad? Es el instinto natural de todas las personas, de todos nosotros: no tener miedo, no tener dolor físico ni emocional. Pero nuestra vida es tal que constantemente estamos experimentando dolor. He comido algo que no me sienta bien y tengo dolor de estómago. Alguien me dice algo y me siento lastimado. Estoy impedido de hacer alguna cosa que anhelo hacer y me siento frustrado, infeliz. Soy desdichado porque ha muerto mi padre o mi hijo, etcétera.
La vida está actuando constantemente sobre mí, me guste o no me guste, y me siento siempre herido, frustrado, tengo reacciones dolorosas. Lo que he de hacer, entonces, es comprender todo este proceso del dolor. Pero ya lo ven, la mayoría de nosotros escapa del dolor.
Cuando ustedes sufren internamente, psicológicamente, ¿qué hacen? Acuden a alguien en busca de consuelo, leen un libro o encienden la radio o van y hacen oración. Son todas indicaciones de que están escapando del sufrimiento. Si escapan de algo, obviamente no lo comprenden. Pero sí uno mira su sufrimiento, si lo observa de instante en instante, comienza a comprender el problema que implica, y esto no es ambición. La ambición surge cuando escapamos de nuestro sufrimiento o nos aferramos a él o lo combatimos,
o cuando elaboramos teorías y esperanzas en tomo a él. En el instante en que escapamos del sufrimiento, la cosa hacia la cual escapamos se vuelve muy importante, porque nos identificamos con ella. Nos identificamos con nuestro país, con nuestra posición, con nuestro Dios, y esto sí que es una de ambición.

— J. Krishnamurti; "El Arte de Vivir"

sábado, 5 de diciembre de 2015

¿QUÉ ES LO QUE CONOCEMOS?

11. Ahora bien, ¿no es el temor el responsable de la acumulación de conocimiento? Éste es un tema difícil, así que veamos si podemos examinarlo, considerémoslo muy cuidadosamente.

Los seres humanos acumulan el conocimiento y le rinden culto, no sólo el conocimiento científico sino también el así llamado conocimiento espiritual. Piensan que el conocimiento es de suma importancia en la vida, el conocimiento de lo que ha sucedido y de lo que va a suceder. Todo este proceso de acumular información, de rendir culto al conocimiento, ¿no surge de un trasfondo de temor? Tememos que sin el conocimiento estaríamos perdidos, que no sabríamos cómo conducimos. Así, leyendo lo que los sabios han dicho, mediante las creencias y experiencias de otras personas y también mediante nuestras propias experiencias, paulatinamente construimos un trasfondo de conocimiento que se vuelve tradición; y buscamos refugio detrás de esta tradición. Pensamos que este conocimiento o que esta tradición es esencial, y que sin eso estaríamos perdidos, no sabríamos qué hacer.

Ahora bien, cuando hablamos del conocimiento, ¿qué entendemos por esa palabra? ¿Qué es lo que "conocemos"? ¿Qué es lo que ustedes realmente conocen cuando llegan a considerar el conocimiento que han acumulado? En un cierto nivel, en la ciencia, en la ingeniería y demás, el conocimiento es importante, pero más allá de eso, ¿qué es lo que conocemos?

¿Han considerado alguna vez todo este proceso de acumular conocimientos? ¿Qué es lo que estudian, por qué dan exámenes? El conocimiento es necesario en un cierto nivel, ¿no es así? Sin un conocimiento de las matemáticas y de otras materias uno no podría ser ingeniero ni científico. La relación social está basada en tal conocimiento y sin él no podríamos ganamos la vida. Pero más allá de esta clase de conocimiento, ¿qué es lo que conocemos? Más allá de eso, ¿cuál es la naturaleza del conocimiento? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el conocimiento es necesario para encontrar a Dios, o que el conocimiento es necesario para comprendemos a nosotros mismos, o que es indispensable para encontrar un camino a través de todas las agitaciones de la vida? En esos casos, entendemos el conocimiento como experiencia; ¿y qué es esta experiencia? ¿Qué es lo que conocemos mediante la experiencia? ¿Acaso este conocimiento no es utilizado por el ego, por el "yo" para fortalecerse a sí mismo?

Digamos, por ejemplo, que he logrado cierta posición social. Esta experiencia, con sus sentimientos de éxito, de prestigio, de poder, me da cierta sensación de seguridad, de bienestar. Así, el conocimiento de mí éxito, el conocimiento de que soy "alguien", de que tengo una posición, poder, refuerza el "yo", el ego, ¿no es así? ¿Han advertido lo inflados que están de conocimiento los gurúes, y cómo el conocimiento da a los padres de ustedes, a sus maestros, la actitud de "yo he experimentado más que tú, yo sé y tú no sabes"? Así es como el conocimiento, que es meramente información, se convierte poco a poco en el sustento de la vanidad, en el alimento del ego, del .yo". Porque el ego no puede existir sin ésta u otra clase de dependencia parasitaria.

El científico usa su conocimiento para nutrir su vanidad, para sentir que es alguien, tal como lo hace el gurú. Los maestros, los padres, los gurúes, todos quieren ser "alguien" en este mundo, de modo que utilizan el conocimiento como un medio para ese fin, para satisfacer ese deseo. Pero cuando uno mira detrás de sus palabras, ¿qué es lo que ellos conocen en realidad? Conocen solamente lo que contienen los libros o lo que han experimentado; y sus experiencias dependen del trasfondo de su condicionamiento. Al igual que ellos, casi todos nosotros estamos llenos de palabras, de información que llamamos conocimiento, y sin eso estamos perdidos; de modo que tras esta pantalla de palabras, de información, siempre está acechando el miedo.

Donde hay miedo no hay amor; y el conocimiento sin amor nos destruye. Eso es lo que está sucediendo en el mundo actualmente. Por ejemplo, ahora tenemos conocimiento suficiente para alimentar a todos los seres humanos del mundo; sabemos cómo alimentar, vestir y albergar a la humanidad, pero no lo hacemos porque estarnos divididos en grupos nacionalistas, cada cual con sus propias actividades egocéntricas. Si tuviéramos realmente el deseo de terminar con las guerras podríamos hacerlo, pero no tenemos ese deseo y es por la misma razón. De modo que el conocimiento sin amor se convierte en un medio de destrucción. Hasta que comprendamos esto, el pasar meramente los exámenes y alcanzar posiciones de prestigio y poder conduce inevitablemente al deterioro, a la corrupción, al lento marchitarse de la dignidad humana. Es obviamente esencial poseer conocimientos en ciertos niveles, pero mucho más importante aún es ver cómo el conocimiento es utilizado egoístamente para fines de interés propio. Obsérvense a sí mismos y verán de qué modo la experiencia es empleada por la mente como un medio de expansión propia, como un medio para obtener prestigio y poder. Observen a los adultos y verán cómo anhelan posición y se aferran a su éxito. Quieren construir una morada de seguridad para sí mismos, desean poder, prestigio, autoridad; y casi todos nosotros, de diversas maneras, vamos detrás de la misma cosa. No queremos ser nosotros mismos, cualquier cosa que seamos; queremos ser "alguien". Hay, ciertamente, una diferencia entre ser y desear ser. El deseo de ser o llegar a ser se continúa y se fortalece mediante el conocimiento, el cual es usado para el engrandecimiento propio.

Es importante para todos nosotros, a medida que vamos madurando, investigar estos problemas y comprenderlos, de modo que no respetemos a una persona meramente porque posee un título o una alta posición social o porque se supone que tiene muchísimos conocimientos. Realmente, conocemos muy poco.

Podemos haber leído muchos libros, pero muy pocos de nosotros tenemos experiencia directa de algo. Lo que tiene vital importancia es la experiencia directa de la realidad, de Dios; y para eso tiene que haber amor.

— J. Krishnamurti; "El Arte de Vivir" —

miércoles, 2 de diciembre de 2015

DÍA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

Un día  más

Un  día  más  para  decir  y  compartir  con  todo  ser  humano  que  somos  personas  humanas  como  los  demás.   Así  de  sencillo  y así  de  auténtico. Una  de  las  personas,  Antonio  Gutiérrez,  responsable  de  la  Agencia  de  Naciones  Unidas  para  los  refugiados (ACNUR),  decía  en  días  pasados  que,  actualmente,  son  sesenta  millones  de  personas  refugiados, solicitantes  de  asilo  o  desplazados  dentro  de  sus  países  debido  a  conflictos  armados  y  persecución.  Es  un dato  que  nos  acerca  a  una  realidad  humana  mucho  más  amplia.  Casi  siempre  la  realidad  está  por  encima de  las  estadísticas  numéricas  y  frías.  La  realidad  verdadera  es  que  se  trata  una  comunidad  de  personas humanas.  Ellas,  en  sus  entrañas,  sienten  con  fuerza  el  derecho  y  el  deber  de  vivir  en  dignidad.  Esto  nos acerca  y  también  nos  revela  la  fuerza  y  novedad,  nunca  carente  de  sentido,  del  levántate  y  anda,  toma  tu historia,  y  camina  hacia  la  vida.   Nos  lanza  a  las  periferias  de  la  existencia.  Qué  bueno  sentir  así.  Indica  que estamos  vivos.  Que  nadie  nos  robe  ese  derecho.  Que  nadie  nos  obstaculice  el  poder  vivir  esa responsabilidad.  Es  tiempo  de  vida,  de  justicia  y  tiempo  de  paz. Somos  toda  una  comunidad  humana.  Vivimos  en  una  casa  común  por  encima  de  las  fronteras,  idiomas, creencias  religiosas,  sistemas  de  organización  política.    Nuestros  estilos  de  vida  han  generado  incontables situaciones  invivibles.  Cuando  miramos  a  nuestro  alrededor  lo  podemos  constatar.  Cuando  se  encuentra con  quien  poder  confiar,  es  compartido.    La  realidad  es  que  hay  demasiado  sufrimiento  acumulado  y  en medio  de  todo  ello,  la  esperanza  no  ha  muerto.  Es  tiempo  compasión  y  tiempo  de  acogida.   Quizás  hoy  más  que  nunca  nuestra  realidad  humana  nos  acerca  y  nos  pone  en  sintonía  con  esa  causa común  que  es  el  derecho  a  una  vida  en  y  con  dignidad.  Tambien  la  realidad  humana  más  que  nunca  hoy puede  sentir  empatía  con  nuestro  deseo  nunca  roto  de  vida  digna  no  solo  para  nosotros  sino  para  todo  ser humano.  Esta  comunión  de  futuro  y  de  responsabilidades  en  favor  de  la  vida  nos  hermana  y  a  todos  nos humaniza.  Es  tiempo  de  compasión y  de  solidaridad. Es  tiempo  de  valorar  y  vivir  cada  encuentro.  Que  sea  un  contacto  personal.  Una  educación  de  nuestra sensibilidad.  Un  aprender  a  escuchar  más  allá  de  las  palabras.  Una  manera  nueva  de  mirar.  Un  hacer  sentir toda  la  riqueza  que  llevamos  dentro.  Un  encuentro  que  transforme  nuestras  existencias,  que  redescubra  el sentido  de  la  vida  y  la  importancia  del  cuidado  de  la  misma  aun  en  situaciones  difíciles.  Un  encuentro  que despierte gestos, acciones que posibiliten la vida. Es tiempo de hospitalidad,  de escucha y de fraternidad. Es  tiempo  de  redescubrir  el  valor  de  lo  cotidiano,  dejando  de  lado  el  quedar  bien  y poner  nuestra  vida  en  la ruta  del  hacer  el  bien. Es  tiempo  de  escucha  para  experimentar  la  fuerza  de  lo  nuevo  que  ahí  está  naciendo en  nosotros.  Es  tiempo  de  cuidar  el  día  a  día  en  el  que  vamos  haciendo  nuestra  vida.  Nada  es  inútil  y  todo puede  ser  empleado  en  favor  de  la  vida  que  todos  deseamos  y  que  a  veces  quizás  solo  hemos  querido  para nosotros.   Es  tiempo  tambien  para  la  libertad,  la  liberación  que  nace  al  descubrirnos  todos  carne  de  la misma  carne,  humanos.  Es  tiempo  de  cuidar  lo  débil  y  frágil. Es  tiempo  de  volver  a  valorar  más  que  nunca  esta  casa  de  todos  para  hacerla  vivible,  habitable,  transitable y  que  en  ella,  el  ser  humano,  toda  persona  humana  pueda  vivir  feliz  porque  escucha  y  es  escuchado, porque  ama  y  es  amado,  porque  ayuda  y  es  ayudado,  porque  confía  y  se  le  confía,  porque  trata  a  los demás  como  gente  y  es  tratado  con  tal.  Es  tiempo  del  cuidar  al  ser  humano  y  la  casa  común  confiada  a nuestra  responsabilidad. Un  día  más  para  decir  a  los  demás  que,  como  todos,  somos  personas  humanas.  Y  que  con  los  demás queremos  hacer  el  camino,  cuidando  la  vida,  curando  todo  aquello  que  es  posible  para  aliviar  tanto sufrimiento  y  contagiar  a  nuestro  alrededor  pasión  por  la  vida.  Porque  nos  sentimos  amigos  de  la  vida,  la queremos  cuidar,  curar  y  sanar.  Tiene  sentido  la  vida.  Somos  muchos  quienes  la  vamos  haciendo  en  medio de  las  complejas  situaciones  de  la  existencia.  Soñamos  lo  imposible  haciendo  día  a  día  realidad  nuestras posibilidades.    Todos  precisamos  ponernos  en  pie,  asumir  nuestra  dignidad  y  caminar  juntos  en  solidaridad fraterna,  en  la  construcción  de  una  casa  y comunidad  vivibles  y  felices.

— Fraternidad Cristiana Intercontinental de Personas con Discapacidad —

martes, 1 de diciembre de 2015

¿Sabes escuchar?

10. Pienso  que  es  muy  importante  saber  cómo  escuchar. 

Si  saben  cómo  escuchar,  llegarán  inmediatamente  a  la raíz  de  las  cosas. 

Si  escuchan  el  sonido  puro,  tendrán  un  contacto  instantáneo  con  su  belleza. De  igual manera,  si  supieran  cómo  escuchar  lo  que  se  está  diciendo,  habría  una  comprensión  instantánea.

Escuchar  es enfocar  completamente  la  atención. 

Ustedes  piensan  que  la  atención  es  una  cosa  cansadora,  que  aprender  a concentrarse  es  un  largo  proceso. 

Pero  si  realmente  saben  cómo  escuchar,  entonces  la  atención  no  es  difícil  y encontrarán  que  llegan  inmediatamente  al  corazón  de  las  cosas,  con  un  estado  extraordinario  de  alerta. 

La  mayoría  de  nosotros  no  escucha  realmente. Nos  distraen  los  ruidos  externos  o  tenemos  algún  prejuicio, alguna  propensión  que  deforma  nuestra  mente,  y  eso  nos  impide  escuchar  verdaderamente  lo  que  se  dice. 

Esto  es  especialmente  así  con  las  personas  mayores,  porque  tienen  tras  de  sí  una  larga  serie  de  logros  y fracasos;  son  alguien  o  no  son  nadie  en  el  mundo,  y  es  muy  difícil  penetrar  las  capas  de  sus  formulaciones,  de sus  conceptos  previos. Su  imaginación,  su  condicionamiento,  su  sentido  de  la  realización  personal  impedirán que  lo  que  se  dice  pueda  penetrar. 

Pero  si  sabemos  cómo  escuchar  lo  que  se  está  diciendo,  si  podemos escuchar  como  si  escucháramos  el  canto  de  un  pájaro  en  la  mañana,  entonces  el  escuchar  es  una  cosa extraordinaria,  especialmente  cuando  lo  que  se  dice  es  algo  verdadero. 

Puede  no  gustamos,  puede  que  lo resistamos  instintivamente;  pero  si  realmente  podemos  escuchar,  veremos  la  verdad  de  ello. De  ese  modo,  el auténtico  escuchar  quita  la  carga  de  la  mente,  limpia  los  desperdicios  de  muchos  años  de  fracasos,  éxitos, anhelos.  

Ustedes  saben  lo  que  es  la  propaganda,  ¿no  es  así? 

Significa  propagar,  sembrar  o  repetir  constantemente una  idea. 

Así  es  como  el  propagandista,  el  político,  el  líder  religioso  imprimen  en  la  mente  de  ustedes  lo  que ellos  quieren  que  crean. También  en  este  proceso  hay  involucrado  un  escuchar. 

Tales  personas  repiten continuamente  lo  que  uno  debe  hacer,  qué  libros  debe  leer,  a  quién  debe  seguir,  qué  ideas  son  correctas  y  qué ideas  son  erróneas;  y  esta  constante  repetición  deja  una  huella  en  nuestra  mente. Aun  si  no  los  escuchamos de  manera  consciente,  eso  va  dejando  una  impresión,  y  tal  es  el  propósito  de  la  propaganda. Pero  ya  lo  ven:  la propaganda  es  meramente  un  interés  creado,  no  trae  esa  verdad  que  uno  comprende  al  instante  cuando realmente  escucha,  cuando  presta  atención  sin  esfuerzo  alguno. 

Ahora  ustedes  me  están  escuchando;  no  están  haciendo  un  esfuerzo  para  prestar  atención,  simplemente están  escuchando;  y  si  hay  verdad  en  lo  que  oyen,  encontrarán  que  dentro  de  ustedes  ocurre  algo  notable:  un cambio  no  premeditado  ni  deseado,  una  transformación,  una  revolución  completa  en  la  que  sólo  reina  la  verdad y  no  las  creaciones  de  la  mente. 

Si  puedo  sugerirlo,  de  ese  modo  tienen  que  escucharlo  todo,  no  sólo  lo  que estoy  diciendo  sino  también  lo  que  dicen  otras  personas;  así  tienen  que  escuchar  a  los  pájaros,  el  silbido  de  una locomotora,  el  ruido  del  autobús  que  pasa. Encontrarán  que  cuanto  más  lo  escuchan  todo,  mayor  es  el  silencio, y  ese  silencio  no  es  roto  por  el  ruido. 

Pero  cuando  están  resistiendo  algo,  cuando  erigen  una  barrera  entre ustedes y aquello  que  no  desean  escuchar,  sólo  entonces  se  genera  una  lucha. 

Ahora  bien,  ¿no  es  muy  importante  ser  refinado,  tanto  exteriormente  como  interiormente?  

¿Saben  qué  es  el refinamiento? Es  ser  sensibles  a  todo  lo  que  nos  rodea,  y  también  a  los  pensamientos,  a  las  creencias,  a  los sentimientos  que  hay  dentro  de  nosotros. El  refinamiento  se  refleja  en  las  ropas  que  vestimos,  en  nuestros modales,  en  nuestros  gestos,  en  la  manera  como  caminamos,  como  hablamos,  como  miramos  a  la  gente. Y  el refinamiento  es  esencial,  ¿verdad? Porque  sin  refinamiento  lo  que  hay  es  deterioro. 

¿Saben  qué  significa  deteriorar?  Es  lo  opuesto  de  crear,  de  construir,  de  tener  la  iniciativa  para  progresar, para  crecer. El  deterioro  implica  lenta  decadencia,  marchitamiento;  y  eso  es  lo  que  está  sucediendo  en  el mundo. En  los  colegios  y  en  las  universidades,  entre  las  naciones,  entre  los  pueblos,  en  el  individuo,  hay  una paulatina  decadencia;  el  proceso  de  deterioro  prosigue  todo  el  tiempo  y  esto  es  porque  falta  refinamiento interno. 

Ustedes  podrán  tener  cierta  cantidad  de  refinamiento  exterior,  podrán  vivir  en  una  hermosa  casa, alimentarse  bien,  observar  una  pulcritud  escrupulosa,  pero  sin  el  refinamiento  interno,  la  perfección  externa  de la  forma  tiene  muy  poco  sentido. Es  meramente  otra  variedad  de  deterioro. 

Tener  bellas  posesiones  pero  ser internamente  groseros,  o  sea,  estar  interesados  en  la  propia  vanidad  y  grandiosidad,  en  las  propias  ambiciones y  logros,  es  el  camino  del  deterioro.
Existe la belleza  de  la  forma  en  la  poesía  o  en  una  persona  o  en  un  árbol  hermoso,  pero  sólo  tiene  sentido  a través  del  refinamiento  interno  del  amor. Si  hay  amor,  habrá  refinamiento  tanto  externo  como  interno. 

El refinamiento  se  expresa  exteriormente  en  la  consideración  por  los  demás,  en  la  manera  como  tratamos  a nuestros  padres,  a  nuestros  vecinos,  al  sirviente,  al  jardinero. 

El  jardinero  puede  haber  creado  para  nosotros  un bello  jardín,  pero  sin  ese  refinamiento  que  es  amor,  el  jardín  es  meramente  una  expresión  de  nuestra  propia vanidad. Por  lo  tanto,  es  esencial  tener  refinamiento,  tanto  externo  como  interno. 

La  manera  como  ustedes  comen  es muy  importante:  si  hacen  ruido  mientras  comen,  eso  importa  muchísimo. El  modo  como  se  comportan,  los modales  que  tienen  cuando  están  con  sus  amigos,  la  manera  como  hablan  de  otros...  todas  estas  cosas importan  porque  señalan  lo  que  son  ustedes  internamente,  indican  si  hay  o  no  hay  refinamiento  interno. Una falta  de  refinamiento  interno  se  expresa  en  la  degeneración  externa  de  la  forma;  de  modo  que  el  refinamiento externo  significa  muy  poco  si  no  hay  amor. Y  ya  hemos  visto  que  el  amor  no  es  una  cosa  que  podamos  poseer. Adviene  sólo  cuando  la  mente  comprende  los  complejos  problemas  que  ella  misma  ha  creado.


Interlocutor:¿Por  qué  sentimos  orgullo  cuando  tenemos  éxito  ?

K.:  ¿Con  el  éxito  hay  un  sentimiento  de  orgullo?  ¿Qué  es  el  éxito?  ¿Alguna  vez  han  considerado  qué  es  tener éxito  como  escritor,  como  poeta,  como  pintor,  como  hombre  de  negocios  o  político?  Sentir  que  internamente hemos  logrado  cierto  control  que  otros  no  poseen  o  que  hemos  triunfado  donde  otros  han  fracasado;  sentir  que somos  mejores  que  algún  otro,  que  hemos  llegado  a  ser  un  hombre  de  éxito,  que  somos  respetados,  estimados por  los  demás  como  ejemplo...  ¿qué  indica  todo  esto?    Naturalmente,  cuando  tenemos  este  sentimiento  hay orgullo:  Yo  he  hecho  algo,  yo  soy  importante.  El  sentimiento  del  "yo"  es,  por  su  misma  naturaleza,  un sentimiento de orgullo.  Así, el orgullo  crece  con  el  éxito;  uno  está  orgulloso  de  ser  muy  importante,  comparado con  otras  personas. Esta  comparación  de  uno  mismo  con  otro  existe  también  en  nuestro  seguimiento  del ejemplo,  del  ideal,  y  nos  brinda  esperanza,  nos  da  fuerza,  propósito,  impulso,  lo  cual  sólo  fortalece  al  "yo",  al agradable  sentimiento  de  que  uno  es  mucho  más  importante  que  cualquier  otro;  y  ese  sentimiento,  esa sensación  de  placer,  es  el  principio  del  orgullo. El  orgullo  genera  muchísima  vanidad,  un  engreimiento  egocéntrico.    Esto  pueden  observarlo  en  los  adultos  y en  ustedes  mismos. Cuando  aprueban  un  examen  y  sienten  que  son  un  poco  más  inteligentes  que  otro,  se introduce  en  ello  una  sensación  de  placer. Es  lo  mismo  cuando  superan  a  alguno  en  una  discusión  o  cuando sienten  que  son  físicamente  más  fuertes  o  más  hermosos:  inmediatamente  hay  un  sentimiento  de  la  propia importancia. Este  sentimiento  de  la  importancia  del  yo  engendra  inevitablemente  conflicto,  lucha,  dolor,  porque uno  tiene  que  sostener  su  importancia  todo  el  tiempo.


Interlocutor:  ¿Cómo  podemos  librarnos  del  orgullo?

K.:  Si  hubieras  escuchado  realmente  la  respuesta  a  la  pregunta  anterior,  habrías  entendido  cómo  se  puede estar libre del orgullo y estarías libre del orgullo;  pero  estabas  ocupado  pensando  en  cómo  formular  la  siguiente pregunta,  ¿no  es  así? Por  lo  tanto,  no  estabas  escuchando. Si  realmente  escuchas  lo  que  se  está  diciendo, descubrirás  por  ti  mismo  la  verdad  de  ello. Supongamos  que  estoy  orgulloso  porque  he  logrado  alguna  cosa. Me  he  convertido  en  el  director;  he  estado en  Inglaterra  o  en  Norteamérica;  he  hecho  grandes  cosas,  mi  fotografía  ha  aparecido  en  los  periódicos,  etc., etc.  Sintiéndome muy orgulloso  me  digo:  "¿Cómo  puedo  librarme  del  orgullo?" Ahora  bien,  ¿por  qué  quiero  estar  libre  del  orgullo?  Ésa  es  la  pregunta  importante,  no  cómo  estar  libre. ¿Cuál es  el  motivo,  cuál  es  la  razón,  el  incentivo?  ¿Quiero  librarme  del  orgullo  porque  siento  que  es  dañino  para  mí, que  es  penoso,  que  no  es  bueno  espiritualmente? Si  ése  es  el  motivo,  entonces  el  tratar  de  librarme  del  orgullo es  otra  forma  de  orgullo,  ¿verdad? Sigo  estando  interesado  en  mi  realización  personal. Al  encontrar  que  el orgullo  es  muy  penoso,  espiritualmente  feo,  digo  que  debo  librarme  de  él. El  "debo  librarme"  contiene  el  mismo motivo  que  el  "debo  tener  éxito". El  "yo"  sigue  siendo  importante,  es  el  centro  de  mi  lucha  por  librarme. Lo  que  importa,  pues,  no  es  cómo  estar  libre  de orgullo,  sino  comprender  el  "yo",  y  el  "yo"  es  muy  sutil. Este año  quiere  una  cosa  y  quiere  otra  cosa  al  año  siguiente;  y  cuando  eso  resulta  ser  doloroso,  entonces  quiere alguna  otra  cosa. Por  lo  tanto,  mientras  este  centro  del  "yo"  exista,  significa  muy  poco  que  uno  sea  orgulloso  o sea lo que suele llamarse  humilde. Son  sólo  chaquetas  diferentes  que  uno  se  pone.    Cuando  una  chaqueta  en particular  me  gusta,  me  la  pongo;  y  al  año  siguiente,  según  mis  fantasías,  mis  deseos,  me  pongo  otra  chaqueta. Lo  que  tienen  que  comprender  es  cómo  se  forma  este  "yo". El  "yo"  se  forma  a  causa  del  sentimiento  de  logro en  sus  distintas  formas. Esto  no  quiere  decir  que  ustedes  no  deban  actuar;  lo  que  tiene  que  comprenderse  es el  sentimiento  de  que  "yo"  estoy  actuando,  de  que  "yo"  lo  estoy  logrando,  de  que  "yo"  no  debo  tener  orgullo. Tienen  que  comprender  la  estructura  del  "yo". Tienen  que  percatarse  de  su  propio  pensar;  tienen  que  observar cómo  tratan  al  sirviente,  a  su  padre  y  a  su  madre,  al  maestro;  tienen  que  ser  conscientes  de  cómo  miran  a  los que  están  por  encima  y  a  los  que  están  por  debajo  de  ustedes,  a  los  que  respetan  y  a  los  que  desprecian. Todo esto  revela  los  comportamientos  del  "yo". Comprendiendo  los  comportamientos  del  "yo"  hay  libertad  respecto del "yo".  Eso es lo que importa, no cómo librarse del orgullo.


Interlocutor:  ¿De  qué  modo  algo  bello  puede  ser  motivo  de  felicidad  para  siempre?

K.:  ¿Es  ése  tu  pensamiento  original  o  estás  citando  a  alguien?  ¿Quieres  descubrir  si  la  belleza  es  perecedera y  si  puede  haber  felicidad  eterna?


Interlocutor:  La  belleza  llega  en  ciertas  formas.

K.:  El  árbol,  la  hoja,  el  río,  la  mujer,  el  hombre,  esas  aldeanas  que  llevan  una  carga  pesada  sobre  sus cabezas  y  caminan  bellamente...  ¿Es  perecedera  la  belleza?


Interlocutor:  Las  aldeanas  pasan  pero  dejan  una  impresión  de  belleza.

K.:  Pasan,  y  el  recuerdo  de  ello  permanece. Vemos  un  árbol,  una  hoja,  y  el  recuerdo  de  esa  belleza permanece. Ahora  bien,  el  recuerdo  de  la  belleza,  ¿es  una  cosa  viva?    Cuando  vemos  algo  bello,  el  júbilo  es  inmediato; vemos  una  puesta  de  sol  y  hay  una  respuesta  inmediata  de  júbilo. Ese  júbilo,  pocos  momentos  después,  se  ha convertido  en  un  recuerdo. ¿Es  una  cosa  viva  el  recuerdo  de  ese  júbilo?  El  recuerdo  de  la  puesta  de  sol,  ¿es una  cosa  viva?  Es  una  huella  muerta,  ¿verdad? Y  mediante  esa  huella  muerta  de  la  puesta  de  sol  queremos recapturar el júbilo. Hay júbilo como respuesta inmediata a la belleza,  pero  interviene  el  recuerdo  y  lo  destruye todo. Sólo  si  hay  una  constante  percepción  de  la  belleza,  sin  las  acumulaciones  de  la  memoria,  existe  la posibilidad  de  una  felicidad  perdurable. Pero  no  es  fácil  estar  libres  de  las  acumulaciones  de  la  memoria,  porque  en  el  momento  en  que  vemos  algo muy  placentero,  lo  convertimos  en  un  recuerdo  al  que  nos  aferramos. Cuando  vemos  un  objeto  bello,  un  niño hermoso,  un  hermoso  árbol,  hay  un  júbilo  inmediato,  pero  entonces  queremos  más  de  eso. El  querer  más  de eso  es  la  acumulación  de  la  memoria. Al  querer  más  de  lo  mismo  hemos  puesto  en  marcha  el  proceso  de  la desintegración,  y  en  eso  no  hay  júbilo  alguno. La  memoria  jamás  puede  producir  una  felicidad  perdurable.  Ésta existe  sólo  cuando  hay  una  constante  y  espontánea  respuesta  a  la  belleza,  a  la  fealdad,  a  todo,  sin  que  se active  el  impulso  de  la  memoria;  esto  implica  una  gran  sensibilidad  interna  y  externa,  implica  tener  un  verdadero amor.


Interlocutor:  ¿Por  qué  los  pobres  son  felices  y  los  ricos  son  desdichados?

K.: ¿Son  particularmente  felices  los  pobres? Podrán  cantar,  podrán  bailar,  pero  ¿son  felices? Tienen  comida insuficiente,  tienen  pocas  ropas  o  ninguna,  no  pueden  mantenerse  limpios,  trabajan  de  la  mañana  a  la  noche año  tras  año. Puede  que  tengan  ocasionales  momentos  de  felicidad,  pero  no  son  verdaderamente  felices,  ¿no es  así? ¿Y  son  desdichados  los  ricos? Poseen  abundancia  de  todo,  disfrutan  de  altas  posiciones,  viajan. Son desdichados  cuando  se  frustran  de  algún  modo,  cuando  se  enfrentan  con  obstáculos  y  no  pueden  obtener  lo que  desean. ¿Qué  es  lo  que  entiendes  por  felicidad? Algunos  dirán  que  la  felicidad  consiste  en  lograr  lo  que  queremos. Si queremos  un  automóvil  y  lo  obtenemos,  somos  felices,  al  menos  por  un  tiempo. Es  lo  mismo  si  queremos  un sari  o  un  viaje  a  Europa;  si  logramos  lo  que  queremos,  somos  felices. Si  queremos  ser  el  profesor  más renombrado  o  el  más  grande  de  los  políticos,  somos  felices  si  podemos  llegar  a  eso  y  desdichados  si  no podemos. Por  lo  tanto,  lo  que  ustedes  llaman  felicidad  es  el  resultado  de  obtener  lo  que  desean,  de  alcanzar  el  éxito,  de llegar  a  ser  ilustres.    Desean  algo,  y  mientras  pueden  obtenerlo  sienten  que  son  perfectamente  felices,  no  se sienten  frustrados;  pero  si  no  pueden  obtener  lo  que  desean,  entonces  comienza  la  infelicidad. Este  problema  nos  concierne  a  todos,  no  sólo  al  rico  y  al  pobre. El  rico  y  el  pobre  desean  por  igual  algo  para sí  mismos,  y  si  algo  les  impide  lograrlo,  se  sienten  desdichados. No  estoy  diciendo  que  los  pobres  no  deban tener  lo  que  quieren  o  necesitan.  Ésa  no  es  la  cuestión  que  estamos  considerando. Tratamos  de  descubrir  qué es  la  felicidad  y  si  la  felicidad  es  algo  de  lo  que  estamos  conscientes. Cuando  estamos  conscientes  de  que  somos  felices,  ¿es  eso  felicidad?    Eso  no  es  felicidad,  ¿cierto?  Ocurre como  la  humildad:  en  el  momento  en  que  estamos  conscientes  de  que  somos  humildes,  no  somos  humildes. De  modo  que  no  podemos  ir  tras  la  felicidad,  no  es  algo  que  pueda  perseguirse.    Llega;  pero  si  la  buscamos nos  eludirá.


Interlocutor:  Aunque  hay  progreso  en  diferentes  direcciones,  ¿por  qué  no  hay  hermandad?

K.:  ¿Qué  es  lo  que  entiendes  por  progreso?
Interlocutor:  El  progreso  científico.

K.:  De  la  carreta  de  bueyes  al  jet,  eso  es  progreso  ¿verdad?.    Hace  siglos  sólo  existía  la  carreta  de  bueyes, pero  paulatinamente,  a  través  del  tiempo,  hemos  desarrollado  el  jet. Los  medios  de  transporte  en  la  antigüedad eran  muy  lentos  y  ahora  son  muy  rápidos:  en  pocas  horas  podemos  estar  en  Londres. Gracias  a  las  medidas sanitarias,  a  la  nutrición  apropiada  y  al  cuidado  médico,  ha  habido  también  una  gran  mejora  en  materia  de  salud física. Todo esto es progreso científico; sin embargo, no nos hemos desarrollado  o  progresado  igualmente respecto  de  la  hermandad. Ahora  bien,  ¿es  la  hermandad  una  cuestión  de  progreso? Sabemos  lo  que  queremos  decir  con  "progreso": es  evolución,  es  alcanzar  algo  a  través  del  tiempo. Los  científicos  dicen  que  hemos  evolucionado  a  partir  del mono;  dicen  que,  a  través  de  millones  de  años,  hemos  progresado  desde  las  formas  de  vida  más  inferiores hasta  la  más  alta,  que  es  el  hombre.  ¿Pero  es  la  hermandad  una  cuestión  de  progreso?  ¿Es  algo  que  puede evolucionar  a  través  del  tiempo? Está  la  unidad  de  la  familia  y  la  unidad  de  una  sociedad  o  nación  en  particular; desde  la  nación,  el  paso  siguiente  es  el  internacionalismo,  y  de  ahí  surge  la  idea  de  un  mundo  único  y  unido.  El concepto  del  mundo  unido  es  lo  que  llamamos  hermandad.  ¿Pero  es  el  sentimiento  de  hermandad  un  asunto de  evolución?  ¿Puede  ser  cultivado  lentamente  a  través  de  las  etapas  de  la  familia,  la  comunidad,  el nacionalismo,  el  internacionalismo  y  la  unidad  mundial? La  hermandad  es  amor,  ¿no  es  así?  ¿Puede  el  amor ser  cultivado  paso  a  paso?  ¿Es  una  cuestión  de  tiempo  el  amor?  ¿Comprenden  de  qué  estoy  hablando? Si  digo  que  habrá  hermandad  dentro  de  diez,  o  treinta,  o  cien  años,  ¿qué  es  lo  que  eso  indica? Indica, ciertamente,  que  no  amo,  que  no  me  siento  fraternal.  Cuando  digo:  "Seré  fraternal,  amaré",  el  hecho  real  es  que no  amo,  que  no  soy  fraternal.  En  tanto  piense  en  términos  de  "seré",  no  soy.    Mientras  que  si  elimino  de  mi mente  el  concepto  de  ser  fraternal  en  el  futuro,  puedo  ver  lo  que  realmente  soy;  puedo  ver  que  no  soy  fraternal y  puedo  empezar  a  descubrir  por  qué. ¿Qué  es  lo  importante:  ver  lo  que  soy  o  especular  acerca  de  lo  que  seré? Ciertamente,  lo  importante  es  ver  lo que  soy,  porque  entonces  puedo  habérmelas  con  ello. Lo  que  seré  está  en  el  futuro,  y  el  futuro  es  imposible  de predecir. El  hecho  real  es  que  carezco  del  sentido  fraternal,  que  no  amo  verdaderamente;  y  es  con  ese  hecho con  el  que  puedo  comenzar,  comenzar  a  hacer  algo  al  respecto. Pero  decir  que  seré  algo  en  el  futuro  es  mero idealismo,  y  el  idealista  es  una  persona  que  está  escapando  de  lo  que  es:  escapa  del  hecho,  el  cual  sólo  puede ser  cambiado  en  el  presente.

J. Krishnamurti; "El Arte de Vivir"