domingo, 31 de enero de 2016

¿QUIÉN SALVARÁ A MI H. CÓRDOBA-LAS, A MI VERACRUZ, A MI REPÚBLICA MEXICANA?

Mientras me ejercitaba en mi casa (haciendo terapia física golpeando a Mi Fabuloso Costal de Boxeo adaptado) esta tarde dominguera, escuchaba música de Panteón Rococo (Quiénes exclaman: Contribuimos a un movimiento social).

Antes de seguir contándoles más, analizémos la letra de la canción que me puso a reflexionar...
 

Es la ciudad de la esperanza.
Es un perro que nunca me alcanza.
Que me tira la mordida
Mientras corro por mi vida.

Es la trinchera que me convierte en fiera.
Cárcel gigante, de millones de habitantes
Que no quieren saber nada de nada
Con el relój corriendo por sus venas
Y la vida que se va con tantas penas.

Más aprisa el mundo se alista
Y va en el metro con tanto aprieto.
Y a las mujeres les meten mano
Hasta en lugares que pa'que te cuento.

Y en la calle, el despapaye
Tráfico intenso, ambiente denso.
Uno se pasa un alto
Otro comete un asalto.

La gente amontonada
En los servicios y en la embajada
Y en las instancias de gobierno
Todas las colas son un infierno.

Y no hay nadie que yo vea.

Que el descontento social
Ya no es nada anormal.
Hasta en un hospital
Te tratan como un animal.

Es la ciudad de la esperanza,
Donde extorsionan a toda la raza
Donde todo el mundo se rasca la panza
Donde todo el mundo se pasa de lanza.

Donde los sueños se han vuelto pasajeros inocentes
Temorosos en un microbus.
Y para que se haga justicia
Tu tienes que caerte siempre con una luz.

Así funciona la cosa.
Así de loca la cosa.
Así funciona la cosa.
Así de loca la cosa.

¡Oh, oh, oh! es lo que traigo aquí.
Un sentimiento que me quiere salir.
Vivo en México, Distrito Federal
Donde unos la pasan chido
Y el grueso la pasan mal.

Sin embargo
Lo que aprendo a diario
Es a entender, solucionar
Sobrevivir y expandirme
¡Para poder comprender! ¡para poder entender!

Es la ciudad de la esperanza
Donde el dinero nunca te alcanza
Donde la banda se pasa de lanza
Ahi viene el perro, ¡corre que te alcanza!

Es la ciudad de la esperanza
Llena de angustia y también de ansia.
Treinta millones de cabezas
Buscando la fortuna entre la desventura
De haber nacido ahí
De haber dejado todo allá
Y venirse para acá.

Entre el asfalto y el esmog.
Entre el estrés y la extorsion.
 
 
Específicamente se refiere al futuro trigésimo segundo estado de nuestro México lo sé, pero esta situación ya no es exclusiva de esta zona, se ha convertido en "el pan nuestro de cada día" en toda la República, en mi estado, en mi H. Córdoba-las.

Se acercan tiempos electorales, están a la vuelta de la esquina, y me viene a la cabeza la pregunta:

¿QUIÉN SALVARÁ A MI H. CÓRDOBA-LAS, A MI VERACRUZ, A MI REPÚBLICA MEXICANA?

Recordémos a: "La Tercera Ley Fundamental de la Estupidez Humana"
 
Y su apartado:
ESTUPIDEZ Y PODER

viernes, 29 de enero de 2016

¡CONÓCEME A TRAVÉS DE UN LIBRO!

Buena noche estimados lectores, espero que se encuentren excelente; una vez más quiero contarles de mí, que me conozcan a través de los consejos de un excelente libro que leí esta tarde.
Estos son, redundo, lo que me caracteriza y lo que en un futuro quiero cumplir en mi vida. Espero a ustedes también les sirva tanto esta lectura, como a un servidor.
Gracias por su atención prestada. Seguimos en contacto.
¡ARRIBA, ÁNIMO Y ADELANTE!

P. D. El libro consta de 511 en total, recomiendo ampliamente su lectura. Al final viene el título y el autor.



*Nunca pidas un consejo de negocios a un contador o un abogado; están entrenados para encontrar problemas, no soluciones.

*Recuerda que el éxito de la noche a la mañana generalmente toma cerca de quince años.

*Promete en grande. Cumple en grande.

*Recuerda que un matrimonio (o noviazgo) feliz depende de
dos cosas:
1) encontrar a la persona adecuada
y
2) ser la persona adecuada.

*Juzga tu éxito por el grado en que disfrutes de
paz, salud y amor.

*No digas que te falta tiempo. Tienes exactamente el mismo número de horas por día que las que recibieron Helen Keller,
Pasteur, Miguel Ángel, la Madre Teresa, Leonardo da Vinci y Albert Einstein.

*No demores en actuar ante una buena idea. Las posibilidades son de que alguien también lo haya pensado. El éxito será para quien actúe primero.

*De vez en cuando prueba tu suerte.

*Vive en tal forma que tu epitafio pueda decir:
«sin remordimientos».

*En lo que respecta a guardarropa y a mobiliario: si crees que los utilizarás por cinco años o más, compra lo mejor que puedas.

*Sé atrevido y tenaz. Cuando mires tu vida retrospectivamente, lamentarás más lo que no
hiciste, que lo que realizaste.

*Nunca desperdicies la oportunidad de expresar tu amor.

*Adquiere un buen diccionario.

*Recuerda los tres aspectos más importantes cuando compres una casa: ubicación, ubicación y ubicación.

*Si alguien te ha prestado un servicio y no sabe cuánto cobrarte, pregúntale: ¿Cuánto es lo que considera usted justo?

*Encuentra todos los días la forma de mejorar en algo tu matrimonio (o noviazgo).

*Busca la forma de superarte cada día en tu
trabajo.

*Obtén las cosas a la manera antigua: ahorra y págalas de contado.

*Nada más por ver qué se siente, abstente de criticar las próximas veinticuatro horas.

*Trabaja duro para crear en tus hijos una buena autoimagen. Es lo más importante que puedes hacer para asegurar su éxito.

*Destina una tarde a la semana sólo para tu pareja y tú.

*Olvida los comités. Las ideas nuevas, nobles y que cambian al mundo provienen de una persona que trabaja sola.

*Comprende que la felicidad no se basa en las posesiones, poder o prestigio, sino en las relaciones con las personas que amas y respetas.

*Cuando tengas una enfermedad seria, busca la opinión de tres médicos cuando menos.

*Permanece con la mente abierta, flexible, curiosa.

*Comienza tus juntas a tiempo, aun cuando alguien falte.

*No te dejes intimidar por los doctores o las enfermeras. Aun cuando estés en el hospital, sigue siendo tu cuerpo.

*Libra una guerra contra la basura.

*Envía muchas tarjetas en el Día de la Amistad. Fírmalas como «alguien que piensa que eres increíble».

*Cuando tu pareja y tú discutan, independientemente de quién esté equivocado, discúlpate. Dile: «Perdóname por molestarte. ¿Me perdonas?». Estas palabras curan las
heridas y son mágicas.

*No presumas tu éxito, pero tampoco pidas disculpas por él.

*Entusiásmate ante el éxito de otros.

*Define bien tus prioridades. Nadie ha dicho en su lecho de muerte: Caray, ¡si tan sólo hubiera pasado más tiempo en mi oficina…!

*Cuida tu reputación, es lo más valioso que tienes.

*Firma y lleva siempre contigo tu tarjeta que te acredita como donador de órganos.

*Comparte el crédito.

*Adquiere conocimientos básicos de tres religiones aparte de la tuya.

*Contesta el teléfono con voz enérgica y entusiasta.

*Cada persona que conoces sabe algo que tú no; aprende de ella.

*Graba la risa de tus padres.

*Hazlo bien la primera vez.

*Nunca subestimes el poder de una palabra o una acción amables.

*Realiza simulacros familiares ante emergencias. Asegúrate que todos sepan qué hacer en caso de un incendio.

*No temas decir: No sé.

*No temas decir: Me equivoqué.

*No temas decir: Necesito ayuda.

*No temas decir: Lo siento.

*Nunca comprometas tu integridad.

*Conserva lápiz y papel en tu mesa de noche. Las ideas millonarias surgen a veces a las 3 am.

*Envíale flores a tu amada. Piensa después en una razón para hacerlo.

*Cuando encuentres un trabajo ideal, tómalo sin considerar la paga. Si en verdad lo es, tu salario reflejará pronto tu valor para la compañía.

*No utilices el tiempo o las palabras despreocupadamente. Ninguno de los dos puede recuperarse.

*Busca oportunidades para hacer sentir importantes a los demás.

*Mantén la mente abierta a las nuevas ideas.

*No te pierdas de la magia del momento por concentrarte en lo que va después.

*Cuando hables ante la prensa, recuerda que siempre tiene la última palabra.

*No te precipites al tomar una decisión importante. Las personas comprenderán que desees tomar tu tiempo para reflexionar y regresar al día siguiente.

*Siempre debes estar preparado. Nunca tienes una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión.

*Recorre todo el trayecto. Cuando aceptes una tarea, conclúyela.

*Agradece antes de cada comida.

*No insistas en manejar la vida de alguien más.

*Observa los grandes problemas. Ellos disfrazan a las grandes oportunidades.

*Nunca admitas en tu trabajo que estás cansado, enojado o aburrido.

*Ahorra el diez por ciento de lo que ganes.

*Cuestiona tus objetivos preguntándote si te ayudarán a volverte lo mejor posible.

*Comprométete con la calidad.

*Sé un dirigente. Recuerda que el perro que encabeza el trineo es el único que tiene una vista decente.

*Nunca subestimes el poder de las palabras para aliviar y reconciliar las relaciones.

*Tu mente puede sostener un solo pensamiento a la vez; que éste sea positivo y constructivo.

*Conviértete en el héroe de alguien.

*Cásate sólo por amor.

*Cuenta las bendiciones que has recibido.


JACKSON BROWN, JR; "Life's Little Instruction Book".

viernes, 22 de enero de 2016

EL AMOR EN LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

Hola, ¿cómo están mis queridos lectores?

Saben, hoy pretendo que reflexionemos algo tan errado y común que cruza en la imaginación de las personas convencionales acerca de las Personas con Discapacidad:

*Que somos u nos convertimos en tiernos y platónicos seres asexuados*

¡En verdad! Existen compendios de este tan extenso tema que tratan de explicar que no sólo podemos enamorarnos, también ejercemos una sexualidad como tantos otros, sólo hay casos especiales en dónde no es así, pero amamos, nos apasionamos, celamos, tenemos sexo, existen diferencias en las preferencias sexuales, en fin, todo lo que está alrededor del tema del amor.

¡Bueno, bueno! Hoy quiero compartirles un escrito "meloso" pero intenso, de inspiración de un servidor. En el se darán cuenta de lo que escribo anteriormente, ojalá les guste y los lleve a la comprensión de que la próxima vez que se topen con una Persona con Discapacidad, ¡cuidado porque puede enamorarse intensamente de usted!

Saludos.
 
 
22-01-16; 08:50 am

¿Qué poder posees mujer?
Que podemos tener una noche bélica y encendida
Y al mirar tu hermoso rostro al otro día
Posees la cualidad de calmar todo mi ser.

Me enamoras con esa cara de Muñequita
Me seduces con esa bella sonrisa
Y me estremeces con tan tierna mirada

Defectos: muchos
Cualidades: vastas
Belleza: insuperable
Hermosura: como la de diamante

Es la radiografía de un ser humano normal
Sin embargo, tú mujer, me pareces excepcional
No te diré que me haces falta
Te diré que me sobras

Pero no te alarmes. Digo que me sobras
Porque hay tanto de ti en mí
Que todo mi ser no es suficiente
Para abarcar mujer tan prominente

Así es Mujer, radiografía que hace este hombre enamorado. ¿Cuándo entenderás? ¿Cuándo te atreverás? Créeme que sólo hay un hombre aparte de un servidor, al cual le pareces la mujer más bella de la galaxia.
Él te dio mucho: vida, amor, formación, educación. Y seguirá dándote más hasta que parta a ese viaje celestial.
Hoy yo quiero unirme a su empresa de adorar a tan hermosa princesa.

¡Permíteme entrar en tu mundo!
¡Únamonos a caminar un mismo rumbo!
Pero no me dejes aquí en soledad.
No permitas que mi única oportunidad se extinga.
Sólo déjame amarte sin piedad.

Algún intérprete exclamó:
– ¡Te amaré!, te amaré como no está permitido.

Bueno pues, yo quiero copiarle ese estilo. –Mañana no sabemos– eso has dicho varias veces. Te otorgo la razón y es por ello que hoy, en el presente, te extiendo esta invitación a lo desconocido construyendo con base en lo ya tan clásico y conocido.

Ya tenía tiempo que no te escribía, pero sabes que soy hombre de momentos, de inspiración, de negociación y con base en esas características inicio nuevamente la reconquista, que así como los besos, te dije alguna vez que no debía desaparecer.

Tomando como premisa la ultima de las características que menciono, quiero hacer mediación y pedirte que tú también me conquistes.
Desde aquella vez que llegaste partiendo plaza y te vi, soy tuyo, y así me despido...
 
— Christian Alberto Hernández Vargas; "Pensando" —

lunes, 18 de enero de 2016

LA QUINTA LEY FUNDAMENTAL DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

Es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales la Quinta es, desde luego, la más conocida y su corolario se cita con mucha frecuencia. Esta ley afirma que:

La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

El corolario de la ley dice así:

El estúpido es más peligroso que el malvado.

La formulación de la ley y de su corolario es aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado antes, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro".

El punto esencial que hay que tener en cuenta es éste: el resultado de la acción de un malvado perfecto representa pura y simplemente una transferencia de riqueza y/o bienestar. El malvado perfecto, con su acción, habrá añadido un "más " a su cuenta, "más" que equivaldrá exactamente al "menos" que ha ocasionado a otra persona. La sociedad en su conjunto no ha salido ni beneficiada ni perjudicada. Si todos los miembros de una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada, pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar a favor de aquellos que actúan malvadamente.

Si todos los miembros de una sociedad actuaran malvadamente por turnos regulares, no solamente la sociedad entera, sino incluso cada uno de los individuos, se hallaría en un estado de perfecta estabilidad.

Pero cuando los estúpidos entran en acción, las cosas cambian completamente. Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas. Por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.

Dicho con otras palabras. Los incautos dotados de rasgos de inteligencia superiores a la media de su categoría, así como los malvados con rasgos de inteligencia y sobre todo, los inteligentes, contribuyen todos, aunque en grado diverso, a aumentar el bienestar de la sociedad.

Por otra parte, los malvados con rasgos de estupidez y los incautos con rasgos de estupidez no hacen sino añadir pérdidas a las ya causadas por las personas estúpidas, aumentando de este modo el nefasto poder
destructivo de estas últimas.

Todo esto nos sugiere algunas reflexiones sobre los resultados que se dan en las sociedades. Según la Segunda Ley Fundamental, la fracción de gente estúpida es una constante, que no se ve influida por el tiempo,
espacio, raza, clase o cualquier otra variante histórica o sociocultural. Sería un grave error creer que el número de los estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive:

a) los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros;
b) se produce un cambio en la composición de la población de los no estúpidos.

Esta hipótesis teórica se ve abundantemente confirmada por un exhaustivo análisis de casos históricos. En efecto, el análisis histórico nos permite reformular las conclusiones teóricas de un modo más concreto y con detalles más realistas.

Tanto si consideramos la época clásica como la medieval, la moderna o contemporánea, nos impresiona el hecho de que todo país en ascenso tiene su inevitable porcentaje de personas estúpidas. Sin embargo, un país
en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada la fracción de estúpidos, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.

En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.

Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos refuerza, inevitablemente, el poder destructivo de la fracción de los estúpidos, y conduce al país a la ruina.
 
 
Carlo M. Cipolla
LAS LEYES FUNDAMENTALES
DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

domingo, 17 de enero de 2016

LA CUARTA LEY FUNDAMENTAL DE LA ESTUPIDEZ

No hay que asombrarse de que las personas incautas generalmente no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto.

Se puede tan sólo formular la hipótesis de que a menudo tanto los inteligentes como los malvados, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a los sentimientos de autocomplacencia y desprecio, en vez de segregar inmediatamente cantidades mayores de adrenalina y preparar la defensa.

Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez. A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:
a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y
b) da a la persona estúpida oportunidad de desarrollar posteriormente sus capacidades.

Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga. Pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto uno se verá arruinado y destruido por sus imprevisibles acciones.

Todo esto aparece claramente sintetizado en la Cuarta Ley Fundamental, que afirma:

Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como costosísimo error.

A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables a la humanidad.
 
 
Carlo M. Cipolla
LAS LEYES FUNDAMENTALES
DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

sábado, 16 de enero de 2016

EL PODER DE LA ESTUPIDEZ

No resulta difícil comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático aumenta el
potencial nocivo de una persona estúpida. Pero nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras, en qué consiste el poder de la estupidez.

Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado.

Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un "más" a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un "más" para sí, procurando también al mismo tiempo un "más"
para los demás, deberá obtener su "más" causando un "menos" a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo.
En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley
Fundamental, una criatura estúpida los perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se
deriva que:
a) generalmente el ataque nos coge por sorpresa;
b) incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.

El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e
irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque -como intentar disparar sobre un objeto capaz de los más improbables e inimaginables movimientos-.

Esto es lo que tenían en la mente Dickens y Schiller al afirmar el uno que "con la estupidez y la buena digestión el hombre es capaz de hacer frente a muchas cosas", y el otro que "contra la estupidez hasta los mismos dioses luchan en vano".

Hay que tener en cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es inteligente. El
malvado es consciente de que es un malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora. El estúpido no está inhibido por aquel sentimiento que los anglosajones llaman self- consciusness.

Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.
 
 

Carlo M. Cipolla
LAS LEYES FUNDAMENTALES
DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

miércoles, 13 de enero de 2016

ESTUPIDEZ Y PODER

Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras.

La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales.

Antes que nada depende del factor genético. Algunos individuos heredan dosis considerables del gen de la estupidez, y gracias a tal herencia pertenecen, desde su nacimiento, a la élite de su grupo.

El segundo factor que determina el potencial de una persona estúpida procede de la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad.

Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje de individuos fundamentalmente estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo ha sido (o es) peligrosamente potenciada por la posición de poder que han ocupado (u ocupan). ¡Ah!, y no nos olvidemos de los prelados.

La pregunta que a menudo se plantean las personas razonables es cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder o de autoridad.

Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) fueron las instituciones sociales que permitieron un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de las sociedades preindustriales. En el mundo industrial moderno, las clases y las castas van perdiendo cada vez más su importancia.

Pero el lugar de las clases y las castas lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia.

En el seno de un sistema democrático , las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción de estúpidos entre los poderosos.

Hay que recordar que, según la Segunda Ley, una fracción de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel de estúpidos entre las personas que están en el poder.
 

—Carlo M. Cipolla; LAS LEYES FUNDAMENTALES
DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

sábado, 9 de enero de 2016

LA TERCERA LEY FUNDAMENTAL DE LA ESTUPIDEZ HUMANA (LEY DE ORO)

La Tercera Ley Fundamental presupone, aunque no lo enuncie explícitamente, que todos los seres humanos están incluidos en una de las cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.

La Tercera Ley Fundamental aclara explícitamente que:

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

A la vista de esta Tercer Ley Fundamental, las personas racionales reaccionan instintivamente con escepticismo e incredulidad. El caso es que las personas razonables tienen dificultades para imaginar y comprender un comportamiento irracional.

Pero dejémonos de teorías y veamos qué es lo nos ocurre en la práctica en la vida diaria. Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia, causándonos un perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado.

También podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción, cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.

Igualmente nos viene a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trata de una persona inteligente.

Tales casos ocurren continuamente. Pero si reflexionamos bien, habrá que admitir que no representan la totalidad de los acontecimientos que caracterizan nuestra vida diaria.

Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace.
En realidad, no existe tal explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.
 
La mayor parte de las personas no actúa de un modo coherente.
En determinadas circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.
 
 
Carlo M. Cipolla; "LAS LEYES FUNDAMENTALES
DE LA ESTUPIDEZ HUMANA"

¡SÍ SE PUEDE!

17:37 pm; 09-02-16
 
 
Hola, ¿cómo estás?

Hoy quiero compartirles algo de mi tarde.
¿Te has sentido depresivo?, ¿te has sentido enojado?, ¿te has sentido que no puedes más?

Si es así imagina la magnitud de estos sentimientos en una Persona con Discapacidad como yo. Pues bien, desde ayer por la noche no dormí bien, y hoy (después de lo poco que descansé) me desperté con esos sentimientos antes mencionados, y también con frustración, mal de amores (algo así como en la parábola del asno detrás de la zanahoria, que aunque pone todo su empeño y lo mejor que tiene para alcanzarla, nunca lo logra), entre otras cosas... 

Mi mañana no transcurrió nada bien ya que estaba fatigado, me dolía la cabeza y sólo pensaba en lo negativo (y haciendo esto es como si decretaras que todo el día va a estar mal y, S. U. C. E. D. E).
Lo rescatable fue que tuve el privilegio de degustar unos suculentos alimentos preparados por mi madre y el hecho que conversé con unas amigas (unas por whatsapp y otra por teléfono).

Por fin llegó la tarde y yo me encontraba de lo más encabronado e insoportable.
Convencional o Persona con Discapacidad, todos tenemos algún o algunos días así.

Aquí lo importante es:
¿Tú como afrontas esto? ¿con alcohol, con drogas, con cigarrillos, comiendo compulsivamente, desquitándote con los demás?

Mmmmm, yo debo confesar que soy un tanto iracundo y a veces me desquito con los demás, pero esta tarde fue diferente, hoy decidí hacerlo de otra manera. (Disculpen mis palabrotas)
¡Esta tarde decidí mandar todo a la mierda!

Encendí mi aparato reproductor de sonido, opté por escuchar música disco de los 70's y ese ritmo que me venía muy bien me fue inspirando...

Visualice mi costal de golpeo que tengo adaptado justo arriba de mi cabeza (para los que no me conocen aún, soy cuadriparesico y me paso un estimado de 300 a 305 días del año en cama) y empecé a calentar.
Así pasaron los minutos y las canciones.
De repente, veo a Gloria Gaynor en pantalla, "I will survive", me persigné y exclamé en susurro:
– Dios mío, ¡ayúdame! Va por ti, va por mí...
Unas lágrimas de impotencia brotaron de mis cancinos ojos y, ¡a darle con todo!

Con estruendo bárbaro sonaban los golpes, con una fuerza total (la cual he adquirido entrenando a lo largo de estas semanas desde el 8 de diciembre que me regalaron esta herramienta) asesinaba al costal.

Pegué y pegué por bastantes minutos, parando a descansar cada vez que terminaba I will survive (ignoro cuantas veces la repetí). Continué y continué hasta que mis manos adquirieron una tonalidad rojiza intensa, hasta que mis hombros pedían clemencia y ese veneno salió casi en su totalidad (el resto salió con lágrimas).

Tú "chavo (a)", tú hermano (a) con alguna discapacidad, tú convencional, ¿por qué no me imitas?
No evadas tu realidad con algo destructivo, ¡corre, grita, llora, golpea (aunque sea una almohada), canta, baila, muévete (dentro de tus posibilidades si es que tienes alguna discapacidad), ora!
Pero, POR FAVOR SE CONSTRUCTIVO.
Gracias.

P. D. ¡Arriba, Ánimo y Adelante! SI YO PUEDO, ¡TÚ PUEDES MÁS!

–Christian Alberto Hernández Vargas; "Pensando"–

SEGUNDA LEY FUNDAMENTAL DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

LA SEGUNDA LEY FUNDAMENTAL

Las tendencias culturales que prevalecen hoy en día en los países occidentales favorecen una visión igualitaria de la humanidad. Se prefiere pensar en el hombre como el producto de masa de una cadena de montaje perfectamente organizada. La genética y la sociología, sobre todo, se esfuerzan por probar, con una cantidad impresionante de datos científicos y formulaciones, que todos los hombres son iguales por naturaleza, y que si algunos son más iguales que otros, esto ha de ser atribuido a la educación y al ambiente social, y no a la Madre Naturaleza.

Se trata de una opinión extendida que personalmente no comparto. Tengo la firme convicción, avalada por
años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas y valores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza. Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio, u; uno pertenece al grupo de los estúpidos como otro pertenece a un grupo sanguinario, en definitiva, uno nace estúpido por designo inescrutable e irreprochable de la Divina Providencia.

Aunque estoy convencido de que una fracción de seres humanos es estúpida, y de que lo es por
designio de la Providencia, no soy un reaccionario que pretende introducir de nuevo furtivamente discriminaciones de clase o de raza. Creo firmemente que la estupidez es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante.

Este hecho esta expresado científicamente en la Segunda Ley Fundamental, que dice que:

La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

A este propósito, la Naturaleza parece realmente haberse superado a sí misma. Es archisabido que la
Naturaleza, de un modo más bien misterioso, actúa de tal manera que mantiene constante la frecuencia relativa de ciertos fenómenos naturales. Por ejemplo, tanto si los hombres se reproducen en el polo norte como en el ecuador, si las parejas que se unen son desarrolladas o subdesarrolladas, si son negras, rubias o amarillas, la proporción varón-mujer entre los recién nacidos es constante, con un ligero predominio de los varones. No sabemos de qué manera la Naturaleza obtiene este extraordinario resultado. Pero sabemos que para obtenerlo debe operar con grandes números.

El hecho extraordinario acerca de la frecuencia de la estupidez es que la Naturaleza consigue actuar de tal modo que esta frecuencia sea siempre y dondequiera igual a la probabilidad de estupidez, independientemente de la dimensión del grupo, y de que se dé el mismo porcentaje de personas estúpidas, tanto si se someten a examen grupos muy amplios como grupos reducidos. Ningún otro tipo de fenómenos objeto de observación ofrece una prueba tan singular del poder de la Naturaleza.

La prueba de que la educación y el ambiente social no tienen nada que ver con la probabilidad de estupidez nos la han proporcionado una serie de experimentos llevados a cabo en muchas universidades del mundo.

Podemos clasificar la población de una universidad en cuatro grandes grupos: bedeles, empleados, estudiantes y cuerpo docente.

Cada vez que se analizó el grupo de bedeles se halló que una fracción eran estúpidos. Teniendo en cuenta que el valor de estupidez era más elevado de lo que se esperaba (Primera Ley Fundamental), se juzgó, de entrada, pagando el tributo a las modas en curso, que era debido a la pobreza de las familias de las que generalmente proceden los bedeles, y también a su escasa instrucción. Pero al analizar los grupos más elevados se encontró que el mismo porcentaje dominaba también entre los empleados y los estudiantes. Más impresionante todavía fueron
los resultados obtenidos entre el cuerpo docente.

Tanto si se analizaba una universidad grande como una pequeña, un instituto famoso o uno desconocido, se encontró que la misma fracción de profesores estaba formada por estúpidos. Fue tal la sorpresa ante los resultados obtenidos que se resolvió extender las investigaciones a un grupo especialmente seleccionado, a una auténtica "élite", a los galardonados con el premio Nobel. El resultado confirmó los poderes supremos de la Naturaleza: una fracción de los premios Nobel estaba constituida por estúpidos.

Este resultado es difícil de aceptar y de digerir, pero existen demasiadas pruebas experimentales que
confirman básicamente su validez. La Segunda Ley Fundamental es una Ley de hierro, y no admite excepciones.

El Movimiento para la Liberación de la Mujer apreciará en todo su valor la Segunda Ley, por cuanto esta ley demuestra que los individuos estúpidos son proporcionalmente tan numerosos entre los hombres como entre las mujeres. La población de los países del Tercer Mundo hallará consuelo en esta Segunda Ley, en la medida en que  demuestra que los pueblos llamados "desarrollados" no son al fin y al cabo tan desarrollados.

Guste o no guste esta Segunda Ley Fundamental, en cualquier caso sus implicaciones son diabólicamente inevitables. Tanto si uno se dedica a frecuentar los círculos elegantes como si se refugia entre los cortadores de cabezas de Polinesia, si se encierra en un monasterio o decide pasar el resto de su vida en compañía de mujeres hermosas y lujuriosas, persiste el hecho de que deberá enfrentarse al mismo porcentaje de gente estúpida, porcentaje que (de acuerdo con la Primera Ley) superará siempre las previsiones más pesimistas.
 
 
"Carlo M. Cipolla; LAS LEYES FUNDAMENTALES
DE LA ESTUPIDEZ HUMANA"

viernes, 8 de enero de 2016

PRIMERA LEY DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

La humanidad se encuentra (y sobre esto el acuerdo es unánime) en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable (y me atrevería a decir estúpido) como fue organizada la vida desde sus comienzos.

Desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con las otras especies del reino animal, y todas las especies -ya se sabe- desde el gusanillo al elefante tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones,
temores, frustraciones, penas y adversidades.
Los seres humanos, sin embargo, poseen el privilegio de tener que cargar con un peso añadido, una dosis extra de tribulaciones cotidianas provocadas por un grupo de personas que pertenecen al propio género humano. Este grupo es mucho más poderoso que la Mafia, o que el complejo industrial-militar, o que la Internacional Comunista.
Se trata de un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatuto, pero que consigue, no obstante, estar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por una mano invisible, de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de la actividad de todos los demás miembros.
 
 
 
PRIMERA LEY FUNDAMENTAL

La primera Ley Fundamental de la estupidez humana afirma sin ambigüedad que:
Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

A primera vista la afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la auténtica veracidad de esta afirmación.

Considérese lo que sigue.
Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que:

a) personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente,
inequívoca e irremediablemente estúpidas;

b) día a día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los
momentos menos oportunos.

La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas
respecto del total de la población: cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación.
 
 
"Carlo M. Cipolla; LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA"

jueves, 31 de diciembre de 2015

MENSAJE DE FIN DE AÑO

Amigos seguidores de Conciencia Social Córdoba:

Al aproximarse el fin de un año en el que, me permitieron entrar en sus vidas a través de nuestras publicaciones y hemos compartido reflexiones y alegrías, me es muy grato dirigirme a ustedes.

Hubiera querido hacerlo individualmente, con cada uno: me hubiera gustado darles un muy cordial abrazo fraterno ya que mis dedos no funcionan para un buen apretón de manos también. Decirles personalmente que han cumplido uno de mis sueños más grandes: generar un poco de conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, pero también de la moral que un buen ciudadano pudiere ofrecer.

Gracias a su dedicación y empeño en leernos y brindarnos un like en nuestra página de Facebook o un +1 en Google + y nuestro Blogger día a día crecemos y continuamos a la vanguardia; que no importa donde estén, sea en México, en cualquier país de latinoamérica o del resto del mundo de habla hispana, siempre se encuentran muy cerca de nosotros.

Este mensaje pretende sustituir el contacto muy particular que hubiera deseado tener con cada uno de ustedes. Y aunque las palabras no pueden con frecuencia revelar el contenido cabal, las emociones completas de quien las pronuncia, quiero expresar mis más fervientes deseos para que en estas fiestas de fin de año disfruten de paz, de tranquilidad y de éxito, en compañía de sus familiares y amigos.

Hago los votos más sinceros para que el espíritu de los deseos más positivos se traduzca en vínculos más estrechos entre todos los que formamos esta comunidad virtual; para que nos dé un nuevo optimismo y más alegría de vivir, y para que nos prepare para encarar con entusiasmo las empresas que nos esperan en el futuro.
Creo que en estos días, en el calor de nuestros hogares y entre el cariño de nuestros seres queridos, justamente podemos sentir que hemos cumplido: con nuestro país, con nuestro movimiento, con nosotros mismos. Esto nos debe servir de aliento para seguir adelante en 2016; para hacer de los próximos doce meses una nueva etapa de superación y de entrega decidida. Si lo hacemos con esfuerzo y dedicación, el próximo año será rico en satisfacciones y en estímulos.

Les deseo, pues, de todo corazón, felicidad y paz en esta última noche de 2015. Y les ruego que hagan extensivos mis parabienes a todos sus familiares y amigos. Para todos, un abrazo cordial, y mis mejores y más auténticos votos para un próspero año nuevo: un dichoso 2016.

Atte. Christian Alberto Hernández Vargas
Servidor y Amigo.

martes, 22 de diciembre de 2015

LA ENSEÑANZA DEL MIEDO (ESTADISTICAS, ENCUESTAS, HISTORIAS. REPETITIVAS A LO LARGO DEL TIEMPO)

En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las
ciudades, se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa.

La muerte de cada malviviente surte efectos farmacéuticos sobre los bienvivientes. La palabra farmacia viene de phármakos, que era el nombre que daban los griegos a las víctimas humanas de los
sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis.

El gran peligro del fin de siglo
A mediados de 1982, ocurrió en Río de Janeiro un hecho de rutina: la policía mató a un sospechoso de hurto. La bala entró por la espalda, como suele ocurrir cuando los agentes de la ley matan en defensa propia, y el asunto fue archivado. En su informe, el jefe explicó que el sospechoso era un «verdadero microbio social», que había sido «absuelto, en este planeta, por su muerte». Los diarios, las radios y la televisión de Brasil frecuentemente definen a los delincuentes con un vocabulario que proviene de la medicina y de la zoología: virus, cáncer, infección social, animales, alimañas, insectos, fieras salvajes y también pequeñas fieras cuando se trata de niños. Los aludidos son siempre pobres.

Cuando no lo son, la noticia merece la primera página: «Joven que murió robando», era de clase media, tituló el diario Folha do Sao Paulo, en su edición del 25 de octubre de 1995.

Sin contar a las numerosas víctimas de los grupos parapoliciales, en 1992 la policía del estado de San Pablo mató oficialmente a cuatro personas por día, lo que al cabo del año dio un total cuatro veces mayor que todos los muertos de la dictadura militar que reinó en Brasil durante quince años. A fines del 95, se otorgó aumento de sueldo a los policías de Río de Janeiro que actuaran con «valentía y arrojo». Ese aumento se tradujo de inmediato
en otro aumento: se multiplicó la cantidad de presuntos delincuentes acribillados a tiros.

«No son ciudadanos, son bandidos», explica el general Nilton Cerqueira, estrella de la represión en la dictadura militar y actual responsable de la seguridad pública en Río. Él siempre ha creído que un buen soldado y un buen policía disparan primero y preguntan después.
Las fuerzas armadas latinoamericanas habían cambiado de orientación, a partir del terremoto de la revolución cubana en 1959. De la defensa de las fronteras de cada país, que era su tarea tradicional, habían pasado a ocuparse del enemigo interno, la sublevación guerrillera y sus múltiples incubadoras, porque así lo exigía la defensa del mundo libre y del orden democrático. Inspirados por esos propósitos, los militares acabaron con la libertad y con la democracia en muchos países. Sólo en cuatro años, entre 1962 y 1966, hubo nueve golpes de estado en América latina; y en los años siguientes, los hombres de
uniforme siguieron derribando gobiernos civiles y masacrando gente, según mandaba el catecismo de la doctrina de la seguridad nacional.

Ha pasado el tiempo, el orden civil se ha restablecido. El enemigo sigue siendo interno, pero ya no es el que era. Las fuerzas armadas están empezando a participar en la lucha contra los llamados delincuentes comunes. La doctrina de la seguridad nacional está siendo desplazada por la histeria de la seguridad pública. Por regla general, a los militares no les gusta ni un poquito que los rebajen a la categoría de meros policías; pero la realidad exige.
 
 
El miedo global
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.
 
 
Hasta hace unos treinta años, el orden había tenido enemigos de todos los colores, desde el rosa pálido hasta el rojo fuego. La actividad de los ladrones de gallinas y de los navajeros de suburbios no atraía más que a los lectores de las páginas policiales, a los devoradores de truculencias y a los expertos en criminología. Ahora, en cambio, la llamada delincuencia común es una obsesión universal. El delito se ha democratizado, y ya está al
alcance de cualquiera: lo ejercen muchos, lo padecen todos. Tamaño peligro constituye la fuente más fecunda de inspiración para los políticos y los periodistas que, a grito pelado, exigen mano dura y pena de muerte; y también ayuda al éxito civil de algunos jefes militares. El pánico colectivo, que identifica a la democracia con el caos y la inseguridad, es una de las explicaciones posibles para la buena fortuna de las campañas políticas de algunos generales latinoamericanos.

Hasta hace pocos años, esos militares habían ejercido dictaduras sangrientas, o habían participado en ellas como protagonistas de primer plano, pero después se metieron en la contienda democrática con sorprendente eco popular. El general Ríos Montt, ángel exterminador de los indígenas de Guatemala, encabezaba las encuestas cuando se prohibió su candidatura presidencial, y lo mismo ocurrió con el general Oviedo en Paraguay. El general Bussi, que mientras mataba sospechosos depositaba en los bancos suizos el sudor de su frente, fue electo y reelecto gobernador de la provincia argentina de Tucumán; y otro asesino uniformado, el general Banzer, fue recompensado con la presidencia de Bolivia.

Los técnicos del Banco Interamericano de Desarrollo, capaces de traducir en dinero la vida y la muerte, calculan que América latina pierde cada año 168 mil millones de dólares por el auge del delito. Estamos ganando el campeonato mundial del crimen. Los
homicidios latinoamericanos superan en seis veces el promedio mundial. Si la economía creciera al ritmo que crece el crimen, seríamos los más prósperos del planeta.

¿Paz en El Salvador? ¿Qué paz? Al ritmo de un asesinato por hora, El Salvador está duplicando la violencia de los peores años de la guerra.
La industria del secuestro es la más lucrativa en Colombia, Brasil y México. En nuestras grandes ciudades, ninguna persona puede considerarse normal si no ha sufrido, al menos, una tentativa de robo.
Hay cinco veces más asesinatos en Río de Janeiro que en Nueva York.
Bogotá es la capital de la violencia, Medellín es la ciudad de las viudas. Los policías de élite, miembros de los grupos especiales, han empezado a patrullar las calles de algunas ciudades latinoamericanas: están equipados, de la cabeza a los pies, para la tercera guerra mundial. Llevan visor nocturno de infrarrojos, audífono, micrófono y chaleco antibalas; en la cintura cargan cápsulas de agresivos químicos y municiones; un fusil ametralladora en la mano y una pistola en el muslo.
 
 
América latina, paisajes típicos.
Los estados dejan de ser empresarios y se dedican a ser policías.
Los presidentes se convierten en gerentes de empresas ajenas.
Los ministros de Economía son buenos traductores.
Los industriales se convierten en importadores.
Los más dependen cada vez más de las sobras de los menos.
Los trabajadores pierden sus trabajos.
Los campesinos pierden sus tierritas.
Los niños pierden su infancia.
Los jóvenes pierden las ganas de creer.
Los viejos pierden su jubilación.
La vida es una lotería, opinan los que ganan.
 
 
En Colombia, de cada cien crímenes, noventa y siete quedan impunes. Parecida es la proporción de impunidad de los suburbios de Buenos Aires, donde hasta hace poco tiempo, la policía dedicaba sus mejores energías a ejercer la delincuencia y a fusilar jóvenes: desde la restauración de la democracia en 1983, hasta mediados del 97, la policía había fusilado a 314 muchachos de aspecto sospechoso. A fines del 97, en plena reorganización policial, la prensa informó que había cinco mil uniformados que cobraban sueldo, pero nadie sabía
qué hacían, ni dónde estaban.
Al mismo tiempo, las encuestas revelaban el descrédito de las fuerzas del orden en el Río de la Plata: poquitos eran los argentinos y los uruguayos dispuestos a recurrir a la policía ante cualquier problema grave.
Seis de cada diez uruguayos aprobaban la justicia por mano propia, y unos cuantos se afiliaban al Club de
Tiro.

En los Estados Unidos, cuatro de cada diez ciudadanos reconocen, en los sondeos de opinión, que han alterado sus rutinas de vida por causa de la criminalidad y, al sur del Río Bravo, se habla de robos y de asaltos tanto como del fútbol o del tiempo.

La industria de la opinión pública echa leña a la hoguera, y mucho contribuye a convertir la seguridad pública en manía pública; pero hay que reconocer que la realidad es la que más ayuda. Y la realidad dice que la violencia crece todavía más de lo que las estadísticas confiesan.

En muchos países, la gente no hace las denuncias, porque no cree en la policía, o le teme.

El periodista uruguayo llama superbandas a las bandas autoras de los asaltos espectaculares, y polibandas a las que tienen policías entre sus miembros.
De cada diez venezolanos, nueve creen que la policía roba.
En 1996, la mayoría de los policías de Río de Janeiro
admitió que había recibido propuestas de sobornos, mientras uno de sus jefes opinaba que «la policía fue creada para que sea corrupta» y atribuía la culpa a la sociedad, «que desea una policía corrupta y violenta».

Un informe recibido por Amnistía Internacional, de fuentes oficiosas de la propia policía, reveló que los uniformados cometen seis de cada diez delitos en la capital mexicana.

Para atrapar a cien delincuentes a lo largo de un año, se requieren catorce policías en Washington, quince en París, dieciocho en Londres y mil doscientos noventa y cinco policías en la ciudad de México.

En 1997, el alcalde admitió:
-Hemos permitido que los policías se corrompieran en exceso.
-¿En exceso? -preguntó el preguntón Carlos Monsiváis-. ¿Qué les pasa? ¿Son corruptos o le andan haciendo al honestito? Pónganle ganas.

En este fin de siglo, todo se globaliza y todo se parece: la ropa, la comida, la falta de comida, las ideas, la falta de ideas, y también el delito y el miedo al delito.

En el mundo entero, el crimen aumenta más de lo que los numeritos cantan, aunque muchos cantan:
desde 1970, las denuncias de delitos han crecido tres veces más que la población mundial.

En los países del este de Europa, mientras el consumismo enterraba al comunismo, la violencia cotidiana subía al ritmo en que caían los salarios: en los años noventa, se multiplicó por tres en Bulgaria, en la República Checa, en Hungría, en Letonia, en Lituania
y en Estonia. El crimen organizado y el crimen desorganizado se han apoderado de Rusia, donde florece como nunca la delincuencia infantil. Se llaman olvidados los niños que vagan por las calles de las ciudades rusas: «Tenemos centenares de miles de niños sin hogar», reconoce, al fin del siglo, el presidente Boris Yeltsin.

En los Estados Unidos, el pánico a los asaltos se tradujo de la más elocuente manera en una ley promulgada en Louisiana, a finales del 97. Esa ley autoriza a cualquier
automovilista a matar a quien intente robarlo, aunque el ladrón esté desarmado. La reina de la belleza de Louisiana promovió, por televisión, con todos los dientes de su sonrisa, este fulminante método para evitar molestias.

Mientras tanto, había subido espectacularmente la
popularidad del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, que estaba golpeando duro a los delincuentes con su política de tolerancia cero. En Nueva York, el delito cayó en la misma proporción en que subieron las denuncias por brutalidad policial. La represión en plan bestia, pócima mágica muy elogiada por los medios de comunicación, se descargó con saña sobre los negros y otras minorías que suman la mayoría de la población neoyorquina.

La tolerancia cero se convirtió, rápidamente, en un modelo ejemplar para las ciudades latinoamericanas.

Elecciones presidenciales en Honduras, 1997: la delincuencia es el tema central de los discursos de todos los candidatos, y todos prometen seguridad a una población espantada por las fechorías.
Elecciones legislativas en Argentina, en el mismo año: la candidata Norma Miralles se proclama partidaria de la pena de muerte, pero con sufrimiento previo:
«Es poco matar a un condenado, porque no sufre».
Poco antes, el alcalde de Río de Janeiro, Luiz Paulo Conde, había dicho que prefería la cadena perpetua o los trabajos forzados, porque la pena de muerte tiene el inconveniente de ser «una cosa muy rápida».

No hay ley que valga ante la invasión de los fuera de ley: se multiplican los asustados, y los asustados pueden ser más peligrosos que el peligro que los asusta.
No sólo los vividores de la abundancia sienten el acoso. También muchos de los numerosos sobrevivientes de la escasez, pobres que sufren los zarpazos de otros más pobres o más desesperados que ellos.

Turbas enloquecidas queman vivo a un niño por robar una naranja, titulan los diarios: entre 1979 y 1988, la prensa brasileña dio noticia de 272 linchamientos, furia ciega de los pobres contra los pobres, venganzas feroces ejecutadas por gente que no tenía dinero para
pagar el servicio a la policía.

Pobres eran también los autores de los cincuenta y dos
linchamientos que ocurrieron en Guatemala en 1997, y pobres eran los autores de los 166 linchamientos que ocurrieron, entre 1986 y 1991, en Jamaica.

Mientras tanto, en esos cinco años, el gatillo fácil de la policía jamaiquina mató a más de mil sospechosos: una encuesta posterior señaló que un tercio de la población cree que hay que ahorcar a los delincuentes, ya que ni la venganza popular ni la violencia policial son suficientes.

Las encuestas de 1997 en Río de Janeiro y San Pablo revelaron que más de la mitad de la gente considera
normal el linchamiento de los malhechores.
Buena parte de la población aplaude también, a la vista o en secreto, a los escuadrones de la muerte, que aplican la pena capital, aunque la ley no la autorice, con la habitual
participación o complicidad de policías y militares.

En Brasil, empezaron matando guerrilleros. Después, delincuentes adultos. Después, homosexuales y mendigos. Después, adolescentes y niños.

Silvio Cunha, presidente de una asociación de comerciantes de Río de Cunha, opinaba en 1991:
-Matando a un joven favelado, se presta servicio a la sociedad.

La dueña de una tienda en el barrio de Botafogo sufrió cuatro asaltos en dos meses. Un policía le explicó lo que ocurría: de nada servía llevar presos a los niños, porque el juez los soltaba y volvían al robo nuestro de cada día.

Depende de usted -dijo el policía.
Y ofreció horas extras, a precio razonable, para cumplir el servicio:
-Acabar con ellos -dijo.
-¿Acabar?
-Acabar, mismo.
 
  
El enemigo público, 1
En abril del 97, los telespectadores brasileños fueron invitados a votar: ¿qué final merecía el joven autor de un asalto violento? Hubo abrumadora mayoría de votos por el
exterminio: la pena de muerte duplicó los votos de la pena de prisión.
Según la investigadora Vera Malaguti, el enemigo público número uno está siendo esculpido sobre el modelo del muchacho bisnieto de esclavos, que vive en las favelas,
no sabe leer, adora la música funk, consume drogas o vive de ellas, es arrogante y atropellador, y no muestra el menor signo de resignación.
  
  
Por encargo de los comerciantes, los grupos de exterminio, que en Brasil gustan llamarse de autodefensa, se ocupan de la limpieza de las ciudades, mientras otros colegas pistoleros se ocupan de la limpieza de los campos, por cuenta de los latifundistas, acribillando a los campesinos sin tierra y a otra gente molesta. Según la revista Isto é (20 de mayo del 98), en el estado de Maranhao, la vida de un juez vale quinientos dólares, y
cuatrocientos la de un sacerdote. Trescientos dólares cuesta matar a un abogado. Las organizaciones de asesinos de alquiler ofrecen sus servicios por Internet, con precios especiales para abonados.
  
 
El enemigo público, 2
A principios del 98, el periodista Samuel Blixen hizo una comparación elocuente. El botín de cincuenta atracos, realizados por las bandas de delincuentes más espectaculares del Uruguay, sumaba cinco millones de dólares. El botín de dos atracos, cometidos sin fusiles ni pistolas por un banco y un financista, sumaba setenta millones.
  
  
En Colombia, los escuadrones de la muerte, que dicen ser grupos de limpieza social, también empezaron matando guerrilleros, y ahora matan a cualquiera, al servicio de los
comerciantes, los terratenientes, o de quien guste pagar. Muchos de sus miembros son policías y militares sin uniforme, pero también se entrenan verdugos de edad temprana.

En Medellín, funcionan algunas escuelas de sicarios, que ofrecen dinero fácil y emociones fuertes a niños de quince años. Esos niños, instruidos en las artes del crimen, matan a veces, por encargo, a otros niños tan muertos de hambre como ellos.

Pobres contra pobres, como de costumbre: la pobreza es una manta demasiado corta, y cada cual tira para su lado.
Pero las víctimas pueden ser también prominentes políticos o periodistas famosos.
El blanco elegido se llama perro o bulto.
Los jóvenes asesinos cobran su trabajo según la
importancia del perro y el riesgo de la operación. A menudo los exterminadores trabajan protegidos por las máscaras legales de las empresas que venden seguridad.

A finales del 97, el gobierno colombiano reconoció que disponía de treinta inspectores para controlar a tres mil empresas de seguridad privada. El año anterior, hubo una inspección ejemplar: en una sola recorrida, que duró una semana, un inspector revisó cuatrocientos grupos de
autodefensa. No encontró nada raro.
Los escuadrones de la muerte no dejan huellas. Muy raras veces se rompe la regla de la impunidad; muy raras veces se rompe el silencio.

Una excepción, en Colombia: a mediados del 91, sesenta mendigos murieron acribillados en la ciudad de Pereira. Los asesinos no fueron presos, pero al menos trece agentes de policía y dos oficiales se jubilaron, obligados por una «sanción disciplinaria».

Otra excepción, en Brasil: a mediados del 93, fueron ametrallados cincuenta niños que dormían en los portales de la iglesia de la Candelaria, en Río de Janeiro. Ocho murieron. La matanza tuvo repercusión mundial y, a la larga, marcharon presos dos de los policías militares que, vestidos de civil, habían ejecutado la operación. Un milagro.

Afanásio Jazadji fue electo diputado estadual con la mayor cantidad de votos de la historia del estado de San Pablo. El había ganado su popularidad desde la radio. Día tras día, micrófono en mano, predicaba: «basta de problemas, ha llegado la hora de las soluciones. Solución al problema de las cárceles superpobladas: Tenemos que agarrar a todos esos presos incorregibles, ponerlos contra la pared y quemarlos con un lanzallamas.
O meterles una bomba, búúúúúm, y asunto resuelto. Estos vagabundos nos están costando muchos millones y millones». En 1987, entrevistado por Bell Chevigny, Jazadji explicó que la tortura está muy bien, porque la policía sólo tortura a los culpables. A veces, dijo, la
policía no sabe qué crímenes ha cometido el delincuente, y se entera golpeándolo, como hace el marido cuando propina una paliza a su mujer. La tortura, concluyó, es la única manera de conocer la verdad.

Allá por el año 1252, el papa Inocencio IV autorizó el suplicio contra los sospechosos de herejía. La Inquisición desarrolló la producción de dolor, que la tecnología del siglo veinte ha elevado a niveles de perfección industrial.

Amnistía Internacional ha documentado la práctica sistemática de torturas con choques eléctricos en cincuenta países.

En el siglo trece, el poder hablaba sin pelos en la lengua; ahora, la tortura se hace pero no se dice. El poder evita las malas palabras.
A fines de 1996, cuando el Tribunal Supremo de Israel autorizó la tortura contra los prisioneros palestinos, la llamó presión física moderada.

En América latina, las torturas se llaman apremios legales. Desde siempre, los delincuentes comunes, o quienes tengan cara de, sufren apremios en las comisarías de nuestros países. Es costumbre, se considera normal, que la policía arranque confesiones,
mediante métodos de tormento idénticos a los que las dictaduras militares habían aplicado a los presos políticos.
La diferencia está en que buena parte de aquellos presos políticos provenía de la clase media y, algunos, de la clase alta; y las fronteras de clase social son los únicos límites que la impunidad puede reconocer, a veces, en estos casos.

En tiempos de horror militar, las campañas de denuncias, que llevaron adelante los organismos de derechos humanos, no siempre sonaron en campana de palo; algún eco encontraron, en ocasiones amplio eco, en el cerrado ámbito de los países sometidos a las dictaduras, y también en los medios universales de comunicación.

A los presos comunes, en cambio, ¿quién los escucha? Ellos son socialmente despreciables y jurídicamente invisibles.
Cuando alguno comete la locura de denunciar que ha sido torturado, la policía vuelve a someterlo a tratamiento, con multiplicado fervor.

Cárceles inmundas, presos como sardinas en lata: en su gran mayoría, son presos sin condena. Muchos, sin proceso siquiera, están ahí no se sabe por qué. Si se compara, el infierno del Dante parece cosa de Disney.

Continuamente, estallan motines en estas cárceles que hierven. Entonces, las fuerzas del orden cocinan a tiros a los desordenados y, de paso, matan a todos los que pueden, y así se alivia en algo el problema de la falta de
espacio.
En 1992, hubo más de cincuenta sublevaciones de presos en las cárceles latinoamericanas con más graves problemas de hacinamiento. Los motines dejaron un saldo de novecientos muertos, casi todos ejecutados a sangre fría.

Gracias a la tortura, que hace cantar a los mudos, muchos presos están presos por delitos que jamás cometieron, porque más vale inocente entre rejas que culpable en libertad.
Otros han confesado asesinatos que resultan juegos de niños al lado de las hazañas de algunos generales, o robos que parecen chistes si se comparan con los fraudes de nuestros mercaderes y banqueros, o con las comisiones que cobran los políticos cada vez que
venden algún pedazo de país.

Las dictaduras militares ya no están, pero las democracias latinoamericanas tienen sus cárceles hinchadas de presos. Los presos son pobres, como es
natural, porque sólo los pobres van presos en países donde nadie va preso cuando se viene abajo un puente recién inaugurado, cuando se derrumba un banco vaciado o cuando se desploma un edificio construido sin cimientos.

El mismo sistema de poder que fabrica la pobreza es el que declara la guerra sin cuartel a los desesperados que genera.

Hace un siglo, Georges Vacher de Lapouge exigía más guillotina para purificar la raza. Este pensador francés, que creía que todos los genios son alemanes, estaba convencido de que sólo la guillotina podía corregir los errores de la selección natural y detener la alarmante proliferación de los ineptos y de los criminales.

«El buen bandido es el bandido muerto», dicen ahora, los que exigen una terapia social de mano dura.

La sociedad tiene el derecho de matar, en legítima defensa de la salud pública, ante la amenaza de los arrabales plagados de vagos y drogadictos.

Los problemas sociales se han reducido a problemas policiales, y hay un clamor creciente por la pena de muerte.
Es un castigo justo, se dice, que ahorra gastos en cárceles, ejerce un saludable efecto de intimidación y resuelve el problema de la reincidencia suprimiendo al posible reincidente.
Muriendo, se aprende.

En la mayoría de los países latinoamericanos, la ley no autoriza la pena capital, aunque el terror de estado la aplica cada vez que el disparo de advertencia de un policía entra por la nuca de un sospechoso y cada vez que los escuadrones de la muerte fusilan con impunidad.

Con o sin ley, el estado practica el homicidio con premeditación, alevosía y ventaja y, sin embargo, por mucho que el estado mate, no puede evitar el desafío
de las calles convertidas en tierra de nadie.

El poder corta y recorta la mala hierba, pero no puede atacar la raíz sin atentar contra su propia vida. Se condena al criminal, y no a la máquina que lo fabrica, como se condena al drogadicto, y no al modo de vida que crea la necesidad del consuelo químico y su ilusión de fuga. Así se exonera la responsabilidad a un orden social que arroja cada vez más gente a las calles y a las cárceles, y que genera cada vez más desesperanza y desesperación.

La ley es como una telaraña, hecha para atrapar moscas y otros insectos chiquitos, y no para cortar el paso a los bichos grandes, ha comprobado Daniel Drew; y hace más de un siglo, José Hernández, el poeta, había comparado a la ley con el cuchillo, que jamás ofende a quien lo maneja. Pero los discursos oficiales invocan la ley como si la ley rigiera para todos, y no solamente para los infelices que no pueden eludirla. Los delincuentes pobres son los villanos de la película; los delincuentes ricos escriben el guión y dirigen a los actores.

En otros tiempos, la policía funcionaba al servicio de un sistema productivo que necesitaba mano de obra abundante y dócil. La justicia castigaba a los vagonetas y sus agentes los metían en las fábricas a golpes de bayoneta. Así, la sociedad industrial europea proletarizó a los campesinos y pudo imponer, en las ciudades, la disciplina del trabajo.

¿Cómo se puede imponer, ahora, la disciplina de la desocupación? ¿Qué técnicas de la obediencia obligatoria pueden funcionar contra las crecientes multitudes que no tienen, ni tendrán, empleo? ¿Qué se hace con los náufragos, cuando son tantos, para que sus manotazos no echen a pique la balsa?

Hoy por hoy, la razón de estado es la razón de los mercados financieros que dirigen el mundo y que no producen nada más que especulación. Marcos, el vocero de los indígenas de Chiapas, ha retratado lo que ocurre con palabras certeras: asistimos, ha dicho, al strip
tease del estado; el estado se desprende de todo, salvo de su prenda íntima indispensable, que es la represión. La hora de la verdad: zapatero a tus zapatos. El estado sólo merece existir para pagar la deuda externa y para garantizar la paz social.

El estado asesina por acción y por omisión.

Fines del 95, noticias de Brasil y de Argentina:
Crímenes por acción: la policía militar de Río de Janeiro mataba civiles a un ritmo ocho veces más acelerado que a fines del año anterior, y la policía de los suburbios de Buenos Aires cazaba jóvenes como si fueran pajaritos.

Crímenes por omisión: al mismo tiempo, cuarenta enfermos del riñón morían en el pueblo de Caruarú, en el nordeste del Brasil, porque la salud pública les había hecho diálisis con agua contaminada; y en la provincia de Misiones, en el nordeste de Argentina, el agua potable, contaminada por los plaguicidas, generaba bebés con labios leporinos y deformaciones en la médula espinal.

En las favelas de Río de Janeiro, las mujeres llevan latas de agua, a modo de coronas, sobre sus cabezas; y los niños alzan cometas al viento para avisar que viene la policía.
Cuando llega el carnaval, de esos morros bajan las reinas y los reyes de piel negra: pelucas de blancos rulos, collares de luces, mantos de seda. El miércoles de ceniza, cuando el carnaval acaba y se van los turistas, la policía se lleva preso a quien siga disfrazado. Y,
durante todos los demás días del año, el estado se ocupa de mantener a raya, a sangre y fuego, a los plebeyos que han sido monarcas por un ratito.
A principios de siglo, había una sola favela en Río. En los años cuarenta, cuando ya había unas cuantas, el escritor Stefan Zweig las visitó: no encontró allí violencia ni tristeza. Ahora, las favelas de Río son más de quinientas. Allí vive mucha gente que trabaja, brazos baratos que sirven la mesa y lavan los autos y las ropas y los baños en los barrios acomodados, y también viven en las favelas
muchos excluidos del mercado laboral y del mercado de consumo que, en algunos casos, reciben de las drogas dinero o alivio.
Desde el punto de vista de la sociedad que las ha generado, las favelas no son más que refugios del crimen organizado y del tráfico de cocaína.
La policía militar las invade con frecuencia, en operaciones que parecen de la guerra de Vietnam, y también decenas de grupos de exterminio se ocupan de ellas. Los muertos, analfabetos hijos de analfabetos, son, en su mayoría, adolescentes negros.
  
  
Hablemos claro
El Primer Congreso Policial Sudamericano se reunió en Uruguay, en 1979, en plena dictadura militar. El Congreso decidió continuar su actividad en Chile, en plena dictadura militar, en beneficio de los altos intereses que rutilan en la ruta de los pueblos de América, según dice la resolución final.
En ese Congreso del 79, la policía argentina, también en plena dictadura militar, iluminó la función de las fuerzas del orden en la lucha contra la delincuencia infanto-juvenil. El informe de la policía argentina llamó al pan, pan, y al vino, vino: Aunque parezca simplista diremos y reiteraremos que el mínimo común es la realidad familiar, que poco tiene que ver con el aspecto socio-económico-cultural, para situarse en la raíz de la misma, en su esencia y substrato vivificador de su dinámica y evolución... El adolescente carenciado trata de encontrar en otras sub-culturas hippie, del delito, etc. los modelos identificatorios, produciendo de esta manera una incisión en el proceso de socialización... El mantenimiento del orden público trasciende lo inter-individual y replegándose en el intra-individuo, retoma esa única e indivisible realidad del ser individuo y ser social... Si algunos de los menores han manifestado conductas que
podían degenerar en comportamientos inadecuados que presenten peligro individual-social, han sido fácilmente detectados, orientados y resueltos.
  
  
Hace un siglo, el director del reformatorio infantil de Illinois llegó a la conclusión de que una tercera parte de sus internados no tenía redención. Esos niños eran los futuros criminales, «que aman el mundo, a la carne y al Diablo». No quedó claro qué se podía hacer con esa tercera parte; pero ya por entonces algunos científicos, como el inglés Cyril Burt, proponían eliminar a la fuente del crimen, los pobres muy pobres, «impidiendo la
propagación de su especie».

Cien años después, los países del sur del mundo tratan a los pobres muy pobres como si fueran basura tóxica. Los países del norte exportan al sur sus residuos industriales peligrosos, y así se deshacen de ellos, pero el sur no puede exportar al norte sus residuos humanos peligrosos.

¿Qué hacer con los pobres muy pobres que no
tienen redención? Las balas hacen lo que pueden para impedir «la propagación de su especie», mientras el Pentágono, vanguardia militar del mundo, anuncia la renovación de sus arsenales: las guerras del siglo veintiuno exigirán más armamento especializado en los
motines callejeros y los saqueos.

En algunas ciudades americanas, como Washington y
Santiago de Chile, y en numerosas ciudades británicas, ya hay cámaras de vídeo vigilando las calles.
La sociedad de consumo consume fugacidades. Cosas, personas: las cosas, fabricadas para no durar, mueren poco después de nacer; y hay cada vez más personas condenadas desde que se asoman a la vida. Los niños abandonados de las calles de Bogotá, que antes se llamaban gamines, ahora se llaman desechables y están marcados para morir. Los numerosos nadies, los fuera de lugar, son «económicamente inviables», según el lenguaje técnico. La ley del mercado los expulsa, por superabundancia de mano de obra barata.

¿Qué destino tienen los sobrantes humanos? El mundo los invita a desaparecer, les dice:
«Ustedes no existen, porque no merecen existir». La realidad oficial intenta ocultarlos o perderlos: se llama Ciudad oculta la población marginal que más ha crecido en Buenos Aires, y se llaman Ciudades perdidas los barrios de lata y cartón que brotan en los barrancos y basurales de la ciudad de México.

La Fundación Casa Alianza entrevistó a más de ciento cuarenta niños huérfanos y abandonados, de los muchos que vivían y viven en las calles de la ciudad de Guatemala:
todos habían vendido su cuerpo por monedas, todos sufrían enfermedades venéreas, todos inhalaban pegamentos o solventes.
Una mañana, a mediados de 1990, algunos de esos
niños estaban charlando en un parque, cuando unos hombres armados se los llevaron en un camión. Una niña se salvó, escondida en una lata de basura. Los cadáveres de cuatro niños aparecieron unos días después: sin orejas, sin ojos, sin lenguas. La policía les había
propinado una buena lección.

En abril del 97, Galdino Jesús dos Santos, un jefe indígena que estaba de visita en Brasilia, fue quemado vivo mientras dormía en una parada de ómnibus. Cinco muchachos de buena familia, que andaban de parranda, lo rociaron con alcohol y le prendieron fuego.
Ellos se justificaron diciendo:
-Creímos que era un mendigo.
Un año después, la justicia brasileña les aplicó penas leves de prisión, porque no se trataba de un caso de homicidio calificado. El relator del Tribunal de Justicia del Distrito Federal explicó que los muchachos habían utilizado nada más que la mitad del combustible
que tenían, y eso probaba que habían actuado movidos por la intención de divertirse, no de matar.

La quema de mendigos es un deporte que los jóvenes de la clase alta brasileña practican con cierta frecuencia pero, por lo general, la noticia no aparece en los diarios.

Los desechables: niños de la calle, vagos, mendigos, prostitutas, travestis, homosexuales, carteristas y otros ladrones de poca monta, drogadictos, borrachos,
juntapuchos.

En 1993, los desechables colombianos emergieron de abajo de las piedras y se juntaron para gritar: la manifestación estalló cuando se supo que los grupos de limpieza social mataban mendigos y los vendían a los estudiantes de medicina que aprenden anatomía en la Universidad Libre de Barranquilla.

Y entonces Nicolás Buenaventura, contador de cuentos, les contó la verdadera historia de la Creación. Ante los vomitados del sistema, Nicolás contó que a Dios le habían sobrado pedacitos de todo lo que había creado.
Mientras nacían de su mano el sol y la luna, el tiempo, el mundo, los mares y las selvas, Dios iba arrojando al abismo los desechos que le sobraban. Pero Dios, distraído, se olvidó de crear a la mujer y al hombre, y la mujer y el hombre no tuvieron más remedio que hacerse a sí mismos. Y allí, en el fondo del abismo, en el basural, la mujer y el hombre se crearon con las sobras de Dios. Los seres humanos hemos nacido de la basura, y por eso tenemos todos algo de día y algo de noche, y somos todos tiempo y tierra y agua y viento.
  
 
— Eduardo Galeano; "Patas Arriba" —