Cuando tomo una decisión por mi cuenta, instintivamente quiero demostrar que he escogido bien, y me encargo de que así lo muestren los resultados de la elección.
Al comprometer mi responsabilidad personal en una decisión concreta, movilizo todos mis recursos para salir al encuentro del desafío y ganar en la contienda. Esa es la gran contribución que el tomar decisiones hace a nuestra vida: el hacer valer todo lo que llevamos dentro, el dar vida a todo nuestro ser, que está hecho para conocer, querer y decidir.
Si evito decisiones y huyo responsabilidades, me condeno a vivir en un rincón, encogido y marchito.
Para desarrollar al máximo mis facultades tengo que encontrarme con dilemas, encrucijadas, perplejidades, responsabildad. Eso me hace saltar a la vida, desplegar mis fuerzas, encontrarme a mí mismo.
No quiero excusas por mis equivocaciones ni escapatorias ante mis fracasos..., que es precisamente la manera de reducir al mínimo las equivocaciones y los fracasos. Quiero tomar yo mis decisiones y vivir yo mi vida. Mejor o peor, es la única vida que puedo vivir.
Un religioso me confió hace años su ideal.
<Para mí la obediencia>, me dijo, <consiste en no proponer nada y no rehusar nada. Así vivo tranquilo>.
Tranquilidad de la inercia, no de la vida. Y sin vida no hay ser racional y no hay gloria de Dios.
Una piedra puede dar gloria a Dios quedándose como está, pues para eso está hecha. Un ser humano, no. Hay que tener la valentía de proponer y la humildad de rehusar. Hay que saber tomar la iniciativa, dar un paso al frente, saltar a la brecha. Sin voluntarios no se ganan batallas.
El entendimiento y la voluntad son las facultades que hacen al hombre, y ambas culminan en el supremo acto de decidirse, determinar y escoger, preparado por el entendimiento y llevado a cabo por la voluntad. La ofrenda de estas dos facultades señeras a Dios no consiste en paralizarlas, sino en utilizarlas lo más y lo mejor posible en respuesta a sus llamadas a través de los mensajes de la obediencia y las vicisitudes de la vida.
El ser vivo no da gloria a Dios parando de respirar, sino respirando a fondo. Las decisiones son los pulmones del alma.
—Carlos G. Vallés—
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