viernes, 29 de abril de 2016

TRABAJA EN CONOCERTE

Ningún vínculo constructivo con los demás se puede establecer y fortalecer si no se apoya en una buena relación de cada uno consigo mismo. Y este concepto no es más que la mejor expresión de la necesaria cuota de sano egoísmo.

Un camino cuyo último paso coincidirá con la autorrealización, y cuyo primer paso no puede ser otro que el de conocerse, saberse, descubrirse...

• Des-cubrirse, es decir, quitar la cobertura que me impide verme.

de
• Animarme a dejar de lado las máscaras.

• Mostrarme ante mí y ante los demás tal como soy.

• Asumir la responsabilidad de todo lo que soy; que incluye todo lo que hago y todo lo que digo.

Conocernos es el primer paso si pretendemos dejar de pedirles a los otros que sean observadores de nuestra vida.

Conocernos consiste en tomarnos el tiempo de mirarnos interiormente, conectar con lo que creemos, con lo que pensamos, con lo que sentimos y con lo que somos, más allá de todo lo que a otros les gustaría.

Conocernos es empezar por el principio. Por la primera de aquellas tres preguntas existenciales que acompañan al hombre desde los tiempos más lejanos y que aparecen en todas y cada una de las culturas ancestrales:

¿Quién soy?

¿Adónde voy?

¿Con quién?

Tres preguntas que, como siempre digo, deben ser contestadas en ese riguroso orden, aunque sólo sea para impedir que sea mi rumbo el que determine quién soy y acabe volviéndome esclavo de mi camino. Tres preguntas que, respondidas en orden, una y otra vez, alcanzarán para evitar que mi compañera o compañero de ruta se crean con el derecho o la responsabilidad de decidir por mí el camino que seguir.

Un cuento algo kafkiano nos ayudará en este punto a reírnos de nosotros mismos.

Un hombre viaja en metro.

Está pensando en el trabajo que le espera en la oficina.
De repente alza la vista y le parece que otro hombre en el asiento de enfrente lo mira fijamente.

En su abstracción, ni siquiera nota que lo que ve es solamente su imagen reflejada en un espejo.

—¿De qué conozco a este tipo? —se pregunta al notar que su rostro le es familiar.

Vuelve a mirar y la imagen, como es obvio, le devuelve la sonrisa.

—Y él también me conoce —se dice en silencio.

Por más que intenta dejar de pensar en esa imagen de la cara familiar, no consigue alejarla de su mente.

El hombre llega a su destino y, antes de ponerse de pie para bajar del tren, saluda a su supuesto compañero de viaje con un gesto que, como no podía ser de otra manera, el otro devuelve inmediatamente.

En su trabajo, no puede dejar de preguntarse:

—¿De qué conozco yo a ese tipo?

Cómo le gustaría tener una fotografía de ese hombre para poder mostrársela a sus compañeros. Quizás alguno de ellos podría ayudarle a identificarlo...

Al finalizar su jornada decide caminar hasta casa para darse el tiempo de buscar en su memoria.

Una hora más tarde entra en su apartamento, todavía sin respuesta. Se ducha, cena, mira la televisión; pero no puede prestar atención.

—¿Dónde he visto a ese hombre? —se pregunta todavía al acostarse.

A la mañana siguiente se despierta con una sonrisa...

—Ya sé —dice en voz alta, sentándose de golpe en la cama y golpeándose la frente con la palma de su mano—. ¿Cómo no me di cuenta antes?

Ha resuelto el problema que lo tenía preocupado.

—¡Lo conozco de la peluquería...!

Si no empezamos por conocernos será imposible saber quiénes somos, reconocernos en nuestros actos y hacernos responsables de cada uno de ellos. Nunca sabremos con claridad cuál es el límite entre el adentro y el afuera.

Si es cierto que queremos conocernos, debemos aprender a mirarnos con valentía, decidiendo simplemente ser, aun a riesgo de perdernos por un rato.

Sólo así podremos lograr que sea nada más que lo interior lo que nos defina. Una tarea de por sí difícil, sobre todo si uno pretende afrontarla sin aislarse de los demás, sin renunciar a sus grupos de pertenencia social, familiar o laboral. Y que quede claro que esto no significa ignorar a los demás ni volverse sordo a sus opiniones, entre otras cosas porque sé que necesitamos de sus miradas para completar nuestra percepción de nosotros mismos, para ver todos esos aspectos que se ocultan en puntos ciegos a nuestra mirada; significa no condenarnos a andar por el mundo preguntando a los demás quiénes somos o cómo deberíamos ser.

¿No deberíamos anticipar lo social a lo individual?

Ahora, y aun a riesgo de ser acusado (una vez más) de individualista, sigo sosteniendo que al objetivo del bienestar común le vendría muy bien que cada uno empezara por ocuparse de su propio desarrollo, aunque sólo sea para ayudar de la forma más apropiada, justa y eficaz al prójimo.

Durante la semana el niño había perseguido literalmente al padre por toda la casa con su tablero de parchís debajo del brazo. Quería que el hombre se sentara con él a cumplir su promesa de jugar una partida para estrenar el nuevo tablero que le habían regalado para su cumpleaños.

—Ahora no puedo, Huguito —le había dicho el padre más de una vez—, tendremos que esperar al fin de semana...

Por eso el sábado, apenas se levantó, Hugo vio a su padre sentado en el escritorio, y corrió a su cuarto a buscar el tablero todavía sin estrenar.

—Hoy es fin de semana, ¿no, papi? —preguntó el pequeño.

—Sí, hijito —reconoció el padre—, pero ahora tengo que terminar un trabajo atrasado. Pídele a tu madre que juegue contigo...

—No, no —protestó la pulga de seis añitos—. Tú me prometiste...

—Es verdad. Pero en este momento tengo otras cosas más urgentes que atender...

—¿Y cuándo vas a terminar de atender esas cosas?

—Dentro de dos horas —dijo el padre exagerando, con la intención de desanimarlo.

—¡Buf!... —dijo el niño, y dándose la vuelta salió de la habitación.

La aguja grande había alcanzado a la pequeña justo cuando ésta llegaba al número 12, y eso, según le dijo su madre, significaba que habían pasado exactamente dos horas.

—¿Jugamos ahora, papi?

—No, hijo. Lo siento. Todavía no he terminado con mis cosas...

—Pero tú me dijiste dentro de dos horas... Eso es mentir.

—No seas así, Huguito, tengo trabajo pendiente.

El niño ya empezaba a dejar escapar un par de lágrimas, cuando su padre tuvo una idea. Cogió de su escritorio una revista que mostraba en la tapa un colorido mapa del mundo con división política.

—Mira, hijito, te voy a proponer un juego —le dijo, mien— tras arrancaba la hoja y buscaba en el cajón de su escritorio un par de tijeras.

El hombre hizo varios cortes, transformando la hoja en un montón de papeles de forma irregular.

—Esto es un rompecabezas... Un puzle, como lo llamas tú. El juego consiste en montar el mapa del mundo poniendo cada país en su sitio —dijo el padre—. Cuando termines de montar el mundo, jugaremos al parchís.

El padre sabía que, sin tener idea de cómo era el planisferio, el niño tardaría más de una hora en montarlo y que eso los llevaría hasta el almuerzo. Después de su siesta, quizá podría finalmente sentarse a jugar con su hijo, como le había prometido.

Otra vez resoplando, pero intuyendo que si no aceptaba esas condiciones no habría parchís, el jovencito cogió los papeles que su padre le daba y se fue a su cuarto.

Pasaron cinco minutos, quizá seis, cuando Huguito entró en la habitación con el mapa del mundo perfectamente montado.

Cada país en su sitio y toda la hoja pegada con cinta adhesiva.

—Ya está, papi. ¿Ahora vamos a jugar al parchís?

El padre sonrió, confuso.

—Pero ¿cómo lo has hecho? —preguntó examinando el perfecto resultado—. Si tú nunca has visto un mapa del mundo, ¿cómo lo has montado tan rápido?

—No, papi... Yo nunca había visto un mapa del mundo como éste... Cuando lo recortaste yo ví que en el otro lado de la hoja había una foto de un hombre. Entonces, al llegar a mi cuarto, di la vuelta a los papelitos y coloqué las partes del señor, una al lado de la otra. Fue fácil. Cuando terminé de acomodar al hombre, el mundo se acomodó solo.

Puede que sea una deformación profesional, pero después de tantos años estoy convencido de que solamente trabajando con los individuos será posible que se dé el cambio que queremos para el mundo.

Será por una deformación profesional, pero me pasa con demasiada frecuencia, tanto hablando con un paciente en mi consulta como contestando a las preguntas de un reportaje; sin darme cuenta, me sorprendo hablando de todos cuando yo sólo quería hablar de cada uno. Quizá sea la demostración de que no hay diferencia entre todos y cada uno.

Será por una deformación profesional, pero después de tantos años sigo creyendo que solamente sabiendo quiénes somos podremos empezar el trabajo de ser mejores para nosotros mismos y para la humanidad.
 
 
—Jorge Bucay—

EL ELEFANTE ENCADENADO

¿Y tú ya lo volviste a intentar?
 
 
—No puedo —le dije— ¡NO PUEDO!
—¿Seguro? —me preguntó el gordo.
—Sí, nada me gustaría más que poder sentarme frente a ella y decirle lo que siento… pero sé que no puedo.
El gordo se sentó a lo Buda en esos horribles sillones azules de consultorio, se sonrió, me miró a los ojos y bajando la voz (cosa que hacía cada vez que quería ser escuchado atentamente), me dijo:
—¿Me permites que te cuente algo?
Y mi silencio fue suficiente respuesta.
 
Jorge empezó a contar:
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
 
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
 
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a alguna tía por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: —Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
 
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
 
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
 
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree —pobre— que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
 
Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…
 
—Y así es, Demián. Todos somos un poco como ese elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.
 
Vivimos creyendo que un montón de cosas «no podemos» simplemente porque alguna vez, antes, cuando éramos chiquitos, alguna vez, probamos y no pudimos.
Hicimos, entonces, lo del elefante: grabamos en nuestro recuerdo:
NO PUEDO… NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ.
  
Hemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.
 
Cuando mucho, de vez en cuando sentimos los grilletes, hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la estaca y confirmamos el estigma:
¡NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ!
 
Jorge hizo una larga pausa; luego se acercó, se sentó en el suelo frente a mí y siguió:
Esto es lo que te pasa, Demián, vives condicionado por el recuerdo de que otro Demián, que ya no es, no pudo.
 
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón…

…TODO TU CORAZÓN.
 
 
—Jorge Bucay—

miércoles, 13 de abril de 2016

¡ALGO NOS ESTÁ PASANDO!

¿MAL DE ÉPOCA ? ALGUNOS SÍNTOMAS DE AQUÍ Y ALLÁ

01. Incumplimiento de compromisos personales asumidos: prometemos y nos olvidamos.

02. Faltar a la palabra empeñada, no por mala voluntad, sino por olvido.

03. Sensación de que el tiempo se acelera y nos va llevando sin control.

04. Rodeados de recursos de comunicación, vivir mas incomunicados con los afectos.

05. Fugacidad y funcionalidad en las relaciones: nos usamos y nos abandonamos.

06. Síntomas de un malestar difícil de definir y que genera expresiones de malhumor.

07. Intolerancia, reacciones, contestaciones bruscas, agresiones, malentendidos.

08. Según los estados de ánimos, atender o ignorar al otro, saludar o ningunear.

09. Encierros sistemáticos en el ámbito de la vida privada a los que no se accede sin anuncios.

10. Circulación agresiva por las calles de la ciudad: el otro (auto o peatón) me incomoda.

11. Falta de tolerancia al otro, a los otros: esperar, compartir, entender situaciones.

12. No contestar los mails, no devolver llamados, no aceptar ni proponer encuentros.

13. Clima de intolerancia y discusión ante opiniones diversas y pensamientos distintos.

14. Exigencia arbitraria de los propios derechos desconociendo los deberes.

15. Desconocimiento de los derechos de los demás: deben luchar para que se los respeten.

16. No asumir las responsabilidades privativas del propio rol o función (laboral, familiar, público).

17. Dificultades para armar conversaciones coherentes y argumentaciones pertinentes.

18. Ignorar y borrar a quienes han representado una ayuda importante en la propia vida.

19. Falta de memoria: lo dicho, lo prometido, lo comentado, lo acordado, lo adeudado.

20. Entusiasmos acelerados, desánimos veloces, olvido rápido: y en el medio, los otros.

21. Multiplicar excusa - en todas las edades – para no hacer lo que cada uno debe hacer.

22. Justificación personal y a medias de las propias debilidades y los propios errores.

23. Generoso y amplio para uno mismo, mezquino y legalista para los demás.

24. Convertir cualquier lugar social o de trabajo (función) en un lugar de poder.

25. Los únicos problemas que interesan y valen son los problemas propios, personales.

26. Nadie puede interponerse ante los propios planes, proyectos, intenciones.

27. Si alguien no está con nosotros es porque está con el enemigo.

28. Palabras, expresiones, gestos o actitudes generan una cadena de malentendidos.

29. Los bandos opuestos son irreconciliables y nunca tienen perdón o redención. 

30. Sensación de que se camina, se avanza, se corre pero no sabe hacia dónde y por qué.

No todos padecen TODO, pero todos padecemos ALGUNOS que se combinan entre sí y que se comprueba en reuniones, rostros, contestaciones, ausencias, trabajos, vida familiar o festejos. Por ejemplo: 10 – 14 – 25 – 18 – 26 – 21. Es un buen ejercicio ponerle NÚMEROS a lo que nos pasa…
 
 
—Jorge Eduardo Noro

miércoles, 6 de abril de 2016

ANTES DE CUALQUIER ETIQUETA

Han logrado atraparme, encerrarme dentro de una jaula, en una casa, en una ciudad, en un estado, en un país, bajo un gobierno y unas leyes. Encerrado entre las fronteras, atrapado quizá por mi propia respiración.

Me han amarrado con cadenas invisibles de creencias en necesidades: el dinero, el deseo de poseer; por la
terrible creencia de necesitar siempre más.

La soledad; excelente y fiel amiga y maestra, la cual no logro disfrutar plenamente por la creencia en la necesidad de alguien a mi lado para ser feliz.

La luz, el gas, el teléfono, el coche y todas aquellas cosas que creo que necesito, pero que en realidad son sólo medios para llegar a un
fin.

Desgraciadamente me he acostumbrado a todo esto por tantos años de depender, y no es fácil liberarse. Pero hoy comienzo el camino, el camino de aprender a no desear, a no depender, a no esperar nada de nadie, el camino de la libertad... pero, mientras
tanto, sigo atrapado, encadenado, marchito.
 
Antes que jugar cualquier papel en la sociedad y antes de cualquier etiqueta... Soy un ser humano, que siente, que llora, que ríe y que debe seguir buscándose a sí mismo.
 

—Dante Humberto Jorge Iván Odin Dupeyron—

martes, 22 de marzo de 2016

LA PAREJA:COSA DE DOS (NUEVA EMISIÓN)

Escucha LA PAREJA: COSA DE DOS de Christian Alberto Vargas #np en #SoundCloud https://soundcloud.com/christian-alberto-hdez-vargas/la-pareja-cosa-de-dos

lunes, 21 de marzo de 2016

ESCUCHA "ENVIDIA" POR SOUNDCLOUD

Escucha ENVIDIA de Christian Alberto Vargas #np en #SoundCloud https://soundcloud.com/christian-alberto-hdez-vargas/envidia

viernes, 18 de marzo de 2016

UN SALTO A OTRO NIVEL

Escucha PRESENTACIÓN DE CONCIENCIA SOCIAL CÓRDOBA de Christian Alberto Vargas #np en #SoundCloud https://soundcloud.com/christian-alberto-hdez-vargas/presentaci-n-de-conciencia

DILEMAS, ENCRUCIJADAS, PERPLEJIDADES, RESPONSABILIDAD

Cuando tomo una decisión por mi cuenta, instintivamente quiero demostrar que he escogido bien, y me encargo de que así lo muestren los resultados de la elección.
 
 
Al comprometer mi responsabilidad personal en una decisión concreta, movilizo todos mis recursos para salir al encuentro del desafío y ganar en la contienda. Esa es la gran contribución que el tomar decisiones hace a nuestra vida: el hacer valer todo lo que llevamos dentro, el dar vida a todo nuestro ser, que está hecho para conocer, querer y decidir.
 
 
Si evito decisiones  y huyo responsabilidades, me condeno a vivir en un rincón, encogido y marchito.
 
 
Para desarrollar al máximo mis facultades tengo que encontrarme con dilemas, encrucijadas, perplejidades, responsabildad. Eso me hace saltar a la vida, desplegar mis fuerzas, encontrarme a mí mismo.

No quiero excusas por mis equivocaciones ni escapatorias ante mis fracasos..., que es precisamente la manera de reducir al mínimo las equivocaciones y los fracasos. Quiero tomar yo mis decisiones y vivir yo mi vida. Mejor o peor, es la única vida que puedo vivir.

Un religioso me confió hace años su ideal.
<Para mí la obediencia>, me dijo, <consiste en no proponer nada y no rehusar nada. Así vivo tranquilo>.
Tranquilidad de la inercia, no de la vida. Y sin vida no hay ser racional y no hay gloria de Dios.

Una piedra puede dar gloria a Dios quedándose como está, pues para eso está hecha. Un ser humano, no. Hay que tener la valentía de proponer y la humildad de rehusar. Hay que saber tomar la iniciativa, dar un paso al frente, saltar a la brecha. Sin voluntarios no se ganan batallas.

El entendimiento y la voluntad son las facultades que hacen al hombre, y ambas culminan en el supremo acto de decidirse, determinar y escoger, preparado por el entendimiento y llevado a cabo por la voluntad. La ofrenda de estas dos facultades señeras a Dios no consiste en paralizarlas, sino en utilizarlas lo más y lo mejor posible en respuesta a sus llamadas a través de los mensajes de la obediencia y las vicisitudes de la vida.

El ser vivo no da gloria a Dios parando de respirar, sino respirando a fondo. Las decisiones son los pulmones del alma.
 
 
—Carlos G. Vallés—

EL SUFRIMIENTO SEGÚN BUDA

Buda decía una y otra vez: “Solo enseño el sufrimiento y como transformarlo”.  

El sufrimiento es el medio que Buda utilizó para liberarse y es también el medio por el cual podemos liberarnos.

No hay que esperar hasta no tener nada de sufrimiento para tratar de ser feliz. Cuando un árbol del jardín se enferma debes cuidarlo, pero no pases por alto los árboles sanos.

>Si alguna vez experimentaste el hambre, sabes que un plato de comida es un milagro.

>Si sufriste frío conoces el valor del calor.

>Si has sufrido sabes como apreciar los paradisíacos elementos que están presentes.

>Si sólo te fijas en tu sufrimiento perderás el paraíso.

No ignores tu sufrimiento, pero no te olvides de disfrutar de las maravillas de la vida, en beneficio tuyo y en el de todos los seres. (-Es necesario conocer la oscuridad para apreciar la luz- - Es el contraste lo que hace interesante a la vida-).

Sin sufrimiento: no puedes crecer, no puedes alcanzar la paz y la alegría que mereces. No debes huir del sufrimiento. Abrázalo y aprécialo.

Con comprensión y compasión serás capaz de curar las heridas de tu corazón y las del mundo. Buda llamo al sufrimiento la Santa Verdad, porque nuestro sufrimiento tiene la capacidad de mostrarnos la senda de la liberación. Abraza tu sufrimiento y deja que te revele el camino hacia la Paz.

HÁBITOS DE LA GENTE EFECTIVA

· El hábito de la proactividad nos da la libertad para poder escoger nuestra respuesta a los estímulos del
medio ambiente. Nos faculta para responder (responsabilidad) de acuerdo con nuestros principios y valores.
Ésta es la cualidad esencial que nos distingue de los demás miembros del reino animal. En esencia, es lo que nos hace humanos y nos permite afirmar que somos los arquitectos de nuestro propio destino.

· Comenzar con un fin en mente hace posible que nuestra vida tenga razón de ser, pues la creación de una visión de lo que queremos lograr permite que nuestras acciones estén dirigidas a lo que verdaderamente es
significativo en nuestras vidas. Después de todo, para un velero sin puerto cualquier viento es bueno.
 
· Poner primero lo primero nos permite liberarnos de la tiranía de lo urgente para dedicar tiempo a las
actividades que verdaderamente dan sentido a nuestras vidas. Es la disciplina de llevar a cabo lo importante, lo cual nos permite convertir en realidad la visión que forjamos en el hábito 2.

· Pensar en ganar/ganar nos permite desarrollar una mentalidad de abundancia material y espiritual, pues
nos cuestiona la premisa de que la vida es un «juego de suma cero» donde para que yo gane alguien tiene que perder. Cuando establecemos el balance entre nuestros objetivos y los objetivos de los demás podemos lograr el bien común. Cuando nuestra determinación se balancea con la consideración para
con los demás, estamos sentando las bases para la convivencia y la equidad entre los seres humanos.

· Buscar comprender primero y después ser comprendido es la esencia del respeto a los demás. La necesidad que tenemos de ser entendidos es uno de los sentimientos más intensos de todos los seres
humanos. Este hábito es la clave de las relaciones humanas efectivas y posibilita llegar a acuerdos de tipo ganar/ganar.

· Sinergizar es el resultado de cultivar la habilidad y la actitud de valorar la diversidad. La síntesis de ideas
divergentes produce ideas mejores y superiores a las ideas individuales. El logro de trabajo en equipo y la
innovación son el resultado de este hábito.

· Afilar la sierra es usar la capacidad que tenemos para renovar nos física, mental y espiritualmente. Es lo
que nos permite establecer un balance entre todas las dimensiones de nuestro ser, a fin de ser
efectivos en los diferentes papeles (roles) que desempeñamos en nuestras vidas.
   
   
Las personas con hábitos de efectividad son las piedras angulares para formar organizaciones altamente efectivas. Es por esta razón que el desarrollo de estos hábitos en el nivel personal constituye la base para la efectividad organizacional.
 
 
Estas características son, sin duda alguna, los atributos necesarios para que las organizaciones humanas sean exitosas en el siglo XXI. Comencemos la tarea.
 
 
—TOM MORELL—

jueves, 17 de marzo de 2016

EL MIEDO A DECIDIRSE

La pereza, la duda y el miedo son los grandes enemigos de las decisiones. Me refiero a enemigos ocultos.

Los enemigos abiertos, como son el egoísmo, el orgullo, la envidia y la avaricia., también son enemigos temibles, pero al atacar en campo abierto se ven enseguida y se combaten directo. Los enemigos ocultos son más peligrosos, porque se acercan sin ser vistos y atacan en la oscuridad. Se infiltran en nuestras defensas y llegan sin sentir a lo más escondido del cuartel general donde se fraguan los actos humanos. El acto de decidirse es el más noble y profundo de todos los actos del hombre, la definición misma de la persona y la expresión última de su dignidad. Y precisamente porque es noble y profundo y define a la persona y constituye su dignidad, es difícil y penosa y lleva a la lucha y al peligro. Por eso nuestra primera reacción instintiva al enfrentarnos con una decisión es tratar de evitarla, disimularla, posponerla.

Más decisiones se toman en este mundo por no tomarlas (que ya es una decisión) que por tomarlas, por inacción que por acción, por dejar que las cosas sigan su curso que por intervenir directamente para cambiarlo; y esas decisiones en vacío son, de ordinario, las que menos conducen al fin deseado. La no-decisión es la peor de las decisiones. La inercia volitiva es enfermedad mortal.

Mis alumnos de la universidad me hacen miles de veces la pregunta: ¿Cuál es el último día para...? Y yo tengo por costumbre contestarles: ¿No podríais, para variar preguntar alguna vez cuál es el primer día para...? Todos son de la cofradía del último día. El último día para presentarse, para entregar una instancia, para matricularse en un curso.
Si puedes retrasarlo, retrásalo. No hagas hoy lo que puedes hacer mañana. Aún hay tiempo, aún quedan días, aún no se ha movido nadie. Mientras tanto, los días pasan, el calendario resbala, y la fecha tope salta de repente ante los ojos.
¡Mañana es el último día! La palabra mágica, el requerimiento judicial, el juicio final. Y con ello vienen las prisas, las carreras, los achuchones... y la decisión equivocada.
 
 
Cada decisión tiene su hora, su amanecer, su puesto en las estrellas, y hay que averiguarlo, respetarlo, obedecerlo. No se puede violar impunemente el ritmo de la vida.
 
 
Retrasamos las decisiones porque nos cuesta tomarlas. Por la misma razón evitamos tomarlas y, en cuanto nos es posible, nos sacudimos la carga y le encajamos a otro la responsabilidad de tomarlas.

Estamos en una reunión de grupo en la que ha de tomarse una decisión en común. Se ha explicado el asunto, se ha dado plena información, se han agotado las razones a favor y en contra, y por fin el que preside hace al grupo la pregunta directa: En consecuencia, ¿qué hemos de hacer?
En aquel instante desciende el silencio sobre el grupo. Los rostros se endurecen, las miradas se fijan en el suelo, y el grupo queda inmóvil, casi sin respiración, en una agonía colectiva. Nadie quiere ser el primero en hablar, nadie quiere definirse, nadie quiere arriesgarse a proclamar abiertamente una elección clara y personal.

Después de que dos o tres hayan hablado será más fácil apoyarse en alguno, sumarse a su opinión, seguir la corriente que se vaya formando, o incluso oponerse a alguno y proponer otra alternativa. Se nos hace más fácil funcionar con un arrimo, con algo o alguien en que apoyarnos, en grupo, en compañía. La decisión personal e independiente no es fácil de tomar ni de expresar. La intimidad de la persona tiende a ocultarse en el anonimato del grupo. Nos cuesta decidirnos porque nos cuesta definirnos.

Miedo a comprometerse, miedo a definirse, miedo a equivocarse, miedo a dar la cara, miedo a tener que actuar, miedo a cerrarse opciones, miedo a ser uno mismo. El miedo ciega los canales del discernimiento, inmoviliza el mecanismo de las decisiones. Bajo la influencia del miedo, la mirada, el pulso, el equilibrio dejan de ser lo que deberían ser y de obrar como deberían obrar. El ambiente se turba y la elección se frustra. Quizá la facultad más importante para elegir bien sea el valor, y  quizá nuestras decisiones no sean tan felices porque nos falta valor al tomarlas. Valor para entregarse a una causa, valor para equivocarse (que es la mejor garantía de no equivocarse), valor para escoger, valor para vivir. El miedo paraliza el alma. Y al contrario, el valor de escoger con decisión y claridad es lo que marca al hombre como tal y le da su dignidad y su personalidad. No hay mejor escuela para hacerse hombre que el saber escoger.

— Carlos G. Valles—

EDUCACIÓN DE TODOS

Un SISTEMA EDUCATIVO es fuerte no por su organización (que debe ser eficiente en todos los aspectos) sino por la calidad de sus actores: porque sus docentes desencadenan aprendizajes y porque sus estudiantes logran apropiarse, procesar los nuevos conocimientos.

Un sistema así crea las condiciones para el respaldo social, porque la sociedad se siente directamente beneficiada por sus aportes. La escuela ha dejado de ser relevante porque se mantiene fiel a sus viejos rituales y a la tradición pero no logra responder a las demandas de los tiempos que corren.

A este tipo de escuelas se pueden adaptar algunos que están naturalmente incluidos, pero difícilmente se pueden adaptar los otros, los distintos, los diferentes, los extraños, los excluidos. Se asoman, curiosean, dan vuelta y se van.

Esta desarticulación evidente provoca los desajustes que padecemos todos: docentes, alumnos, familias y sociedad.
 
 
— Jorge Eduardo Noro —

miércoles, 16 de marzo de 2016

LIBRE DE CULPA Y CARGO (Gente Tóxica)

Todos los seres humanos tenemos derecho a ser felices y a vivir sin culpas. Todos tenemos cosas buenas y otras que no lo son tanto; sin embargo necesitamos conectarnos con lo bueno, con lo mejor que tenemos y seguir adelante.

"El objeto ha tomado forma en mi mente antes de empezar a pintar."
Van Gogh

Sin darnos cuenta nos hemos llenado de culpas, de circunstancias difíciles que debimos pasar y que decidimos cargar sobre nuestros hombros, de mensajes que hemos aceptado e incorporado sin cuestionar y que asumimos como propios.

Obsesionarte con la culpa sólo traerá dolor y heridas a tu alma y a tu cuerpo. Tú eres tu propio tóxico. Ya es tiempo de aprender a ser libre de todos los paradigmas falsos que hasta hoy te dirigían y de disfrutar sin culpa. El cordón umbilical se ha roto y ahora te toca decidir a ti.

Simplemente sé tú mismo, limpia el polvo de tus zapatos y sigue adelante. Vacíate de culpas propias y ajenas y comienza a vivir con convicción.

La convicción te permitirá revertir, modificar, cambiar lo que sea necesario cambiar y seguir adelante.

• Si te equivocaste, pide perdón. Saber disculparse es un acto de grandeza, implica reconocer nuestros errores y cambiar la actitud. Si está a tu alcance, repara tu equivocación y a tu grandeza se le sumará paz.

"La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento."
San Bernardo de Claraval, Eclesiástico francés.

• Mereces ser feliz. Proponte disfrutar de todo lo que tienes, sabiendo que eres merecedor de todas las cosas buenas de la vida. Deshazte de las culpas falsas. Sólo eres responsable de tus decisiones, no de las ajenas.

• No quieras cambiar a nadie, sólo cambia quien decide cambiar. La mejor manera de que el otro cambie es no queriéndolo cambiar.
Cada vez que tomes una decisión pregúntate si te ayudará a ser la mejor versión de ti mismo.
Cada vez que elijas quién te va a acompañar en un proyecto, piensa si esa persona sumará valor y te permitirá ser la mejor versión de ti mismo.

"Somos víctimas de nuestras elecciones."
Anónimo

Cuando leas, investigues, aprendas y crezcas serás tu mejor versión lograda en el plano intelectual.
Cuando proyectes con toda tu fuerza tus sueños y pongas en marcha tus objetivos, conocerás tu propia esencia, tu valor, y el dominio propio, ese que está dentro tuyo.

Entonces tu verdadero yo emergerá y sabrá reconocerse a sí mismo. Vivir, gozar y disfrutar son derechos que tenemos todos los seres humanos, no privilegios. Nos corresponden por ley.
 
 
—Bernardo Stamateas—

lunes, 14 de marzo de 2016

El mundo de los demás no es el nuestro: no es el mismo.

En este nuevo día quiero preguntarles mis hermanos Personas con Discapacidad:
¿Qué opinas de este escrito? ¿qué realidad del mundo es el tuyo? ¿qué podemos hacer para ser como la arena con el agua: siempre unidos con los demás?
Espero sus respuestas...

¡Despierta y acciona! ¡Ya basta de la exclusión!
Desafortunadamente la exclusión la generamos una gran mayoría de nosotros por estar imperturbables esperando ayuda, no teniendo acciones para generar que nos ayuden.

¿Qué esperas? Deja de autocompadecerte, toma el timón de tu vida, navega a la victoria. Quizás naufragues, pero aún en los hundimientos siempre hay pedazos que flotan de los cuales poder asirse y flotar con ellos para llegar a una orilla y volver a empezar.

¡Arriba, Ánimo y Adelante! ¡Tírale a las estrellas!
Quizás no llegues, pero siempre verás para arriba al infinito cielo y desearás estar allí, y con esa actitud te garantizo que triunfarás por añadidura...
 
 
   
El mundo es como aparece
ante mis cinco sentidos,
y ante los tuyos que son
las orillas de los míos.

El mundo de los demás
no es el nuestro: no es el mismo.

Imágenes de la vida:
cada vez las recibimos,
nos reciben entregados
más unidamente a un ritmo.

Pero las cosas se forman
con nuestros propios delirios.

Ciegos para los demás,
oscuros, siempre remisos,
miramos siempre hacia adentro,
vemos desde lo más íntimo.

Trabajo y amor me cuesta
conmigo así, ver contigo:
aparecer, como el agua
con la arena, siempre unidos.

Nadie me verá del todo
ni es nadie como lo miro.

—MIGUEL HERNANDEZ—

domingo, 13 de marzo de 2016

CULPAS AJENAS, CULPAS PROPIAS, ¡CULPAS AL FIN!

Herencias recibidas, heredadas, culpas acumuladas: todos cargamos con cargas que hemos asumido sin cuestionar por no permitirnos planear nuestra propia ruta. Respetamos patrones de conducta recibidos sin darnos cuenta de que ponemos en peligro nuestra propia vida y nuestros objetivos. Le cedimos un lugar de autoridad a la culpa y le dimos una jerarquía que no merece, pero lo peor es que la hicimos carne y así fue como comenzó a convivir y a formar parte de nosotros mismos.

Al hacemos cargo del hambre del mundo, de los que no tienen, muchas veces nos castigamos y nos sentimos mal por poder disfrutar de todo lo que está a nuestro alcance. Si bien poder ayudar al otro es un acto de amor, de misericordia y de compasión, lamento decirte que el hambre del mundo no se detendrá por tu auto-castigo. Muchas mujeres no pueden disfrutar de un buen perfume ni de ropa elegante; no se permiten elegir lo mejor para ellas, sino que dicen, ¿cómo me lo voy a comprar yo si los chicos necesitan cosas? Y tal vez sus hijos tienen veinte pares de zapatillas, treinta remeras y no requieren nada más, sólo ver a su mamá feliz. Sin embargo, esta mujer se llena de culpas y se niega un derecho, que, gracias a Dios, puede darse: el de poder comprarse un perfume caro.

Por años hemos sentido culpa de disfrutar de lo material y de lo emocional; la culpa ha hecho estragos dentro de nosotros y nos ha delimitado, nos ha cercado. Por años hizo que nos conformásemos con migajas, con aquello que los demás estaban dispuestos a darnos.

Sentimos culpa por ser felices: ¿cómo puedo ser feliz yo, si mi mamá, mi hermana y mi tía están separadas y solas? Y así es como boicoteas tu matrimonio.
¿Cómo puedo yo disfrutar de comprarme un par de zapatos nuevos si mi hermana no tiene trabajo? Pues bien, puedes comprarte los zapatos y también ayudar a tu hermana, siempre y cuando ella no esté abusando ni manipulando tus emociones.
¿Cómo voy a irme de vacaciones si mi familia nunca pudo tomarse unos días? Lo cierto es que puedes irte de vacaciones y disfrutar porque generaste los recursos para hacerlo. ¡Prémiate!
 

Sin embargo, muchos eligen castigarse. Sin darnos cuenta, los mandatos internos y externos recibidos se hicieron carne dentro de nuestra mente y hoy no podemos disfrutar de lo que está a nuestro alcance.
 
 
Los latinos hemos heredado el concepto de servilismo: los conquistadores han sometido a los pueblos y les han transmitido que ellos habían nacido para servir a quienes habían decidido ser una casta social de mayor jerarquía y privilegios.
 
 
  En México, cuando pides algo a alguien responden: "¡Mande!"; sin embargo, en los Estados Unidos dicen: "¿En qué puedo ayudarle?" La diferencia, como notarás, es muy clara.
 
 
"Cuando se encuentran dos seres, el que es capaz de intimidar a su oponente queda reconocido como socialmente superior, de modo que la decisión social no siempre depende de un combate. En algunas circunstancias, el mero encuentro puede ser suficiente."
 

La culpa nos lleva a olvidar lo que sentimos y necesitamos, nubla por grandes períodos de tiempo nuestros derechos, convirtiendo nuestras prioridades en necesidades secundarias, mientras le otorga a la opinión y a los pensamientos de los otros un lugar de urgencia y superioridad.
 
 
Y así es como de un modo contundente nos fuimos haciendo cargo de todos y de cada uno de los mensajes que llegaron a nuestros oídos, sin damos cuenta de que no nos competía ninguna responsabilidad en las situaciones en cuestión.

Analicemos algunos de estos mensajes:

• Primer mensaje: "Sigue participando"
Muchas personas han recibido ese mensaje sutil que dice: "está bien lo que hiciste pero no me alcanza". En este caso la idea es: "Las cosas no están mal, pero podrían estar mucho mejor". Hagas lo que hagas, nunca será suficiente para conformar al otro, para colmar las expectativas de aquellas personas que te manipulan a través de la culpa.
"Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie."
Concepción Arenal

• Segundo mensaje: "Mi dolor es más grande que el tuyo"
¿Te pasó alguna vez que necesitabas contarle a alguien una situación por la que estabas pasando y de repente te encontraste consolando a tu interlocutor?
Este tipo de manifestaciones y de expresiones constituyen una clara evidencia de la manipulación que el otro está ejerciendo sobre ti. Al hacerlo te está diciendo: "Tu dolor no es tan grande como el mío, concéntrate mejor en mí."

• Tercer mensaje: "Eres responsable de lo que hice"
En este caso resultamos ser nosotros los culpables de las quejas y de las angustias de los demás. Fueron nuestras palabras y nuestras acciones las que determinaron el malestar de las otras personas. ¡Falso! Ésto también es manipulación. Dependen de cada uno de nosotros las emociones que sintamos, el valor que le demos a la palabra de los otros y las reacciones que tengamos. Cada uno de nosotros es responsable por la actitud que asumirá frente a las circunstancias y a los hechos.
 
 
Desde chicos se nos hizo creer una gran mentira: "Hay que satisfacer los gustos de los demás antes que los nuestros". Entendimos que necesitábamos ser abnegados para poder ser aceptados y no nos dimos cuenta del significado de este acto. La abnegación no es una virtud, sino un acto contraproducente que ejercemos sobre nuestra propia vida. Postergarse y sacrificarse, dejarse para lo último es no reconocer nuestro propio propósito y vivir una vida que no nos pertenece.

El escritor Bob Mandel cita: "Su derecho a ser usted es diferente de los demás derechos. No se trata de un derecho que le ha otorgado un gobierno, un país o una autoridad externa, sino que viene con el "paquete ", es decir, usted.

La vida es un viaje que empieza con usted y termina con usted, y en el medio hay un territorio desconocido esperando ser explorado."
 
 
  "El hombre es víctima de una soberana demencia que le hace sufrir siempre, con la esperanza de no sufrir más. Y así la vida se le escapa, sin gozar de lo ya adquirido".
Leonardo da Vinci
 
 
Toma un lápiz y anímate a hacer este test. Descúbrete, conócete:

• ¿Hasta qué punto llega tu abnegación? (Responder Verdadero o Falso)
• Si tus amigos tuvieran que describirte, ¿preferirías que dijeran que eres una persona atenta en lugar de una persona feliz?
• ¿Te sientes mejor cuidando de otros que permitiendo que te cuiden?
• ¿Te sorprende ver lo incompetente que son las personas que te rodean?
• ¿Encuentras que no hacen caso de la mayoría de tus consejos?
• ¿A veces tienes que morderte la lengua en presencia de tus hijos, cónyuge u otros familiares?
• ¿Por lo general encuentras mucho más fácil hacer las cosas por ti mismo?
• ¿Haces muchísimo más por los demás que lo que ellos harían por ti?
• Si alguien te trata mal ¿normalmente continúas tratando a esa persona como siempre?
• ¿A veces tus familiares o amistades dan por descontado que cuentan contigo?
• ¿A veces aceptas actitudes de amigos o familiares que no aceptarías de un desconocido?
• ¿Sientes más alegría por las cosas buenas cuando hay un ser querido con quien compartirlas?
• ¿A veces desearías pasar de todo, tomarte un descanso y no tener que preocuparte por los demás?
• ¿En ocasiones has contestado a lo que dicen en televisión con comentarios sarcásticos, corrigiendo el vocabulario o la gramática?
• ¿Cumples las promesas que haces aún cuando eso signifique sacrificar tus necesidades?
• ¿Detestarías que se te recordara como una persona egoísta?

Sumar los Verdaderos. Si te dio de 1 a 2 "verdaderos", la palabra culpa no se encuentra dentro de tu vocabulario.
Si el resultado es de 3 a 4 "verdaderos", podemos decir que eres una persona equilibrada y responsable de ti misma, sabes satisfacer tus necesidades profundas y no eres esclavo de los caprichos. Posees capacidad para disfrutar y encontrar el placer en muchas cosas.

Si obtuviste de 5 a 7 "verdaderos", eres una persona abnegada grado 1, un ser que posterga sus necesidades para más adelante, para cuando sea el mejor momento. Tu lema es: "No puedo ahora, más adelante sí", pero ese momento nunca llega.

Si obtuviste de 8 a 13 "verdaderos", tu abnegación llega a ser de grado 2, eres una persona que ignora sus necesidades, hasta aún las más básicas, como comer, dormir, recibir afecto, estudios, etc. Obtienes más gratificación al cuidar a los demás que de ti mismo, más placer de hacer feliz a los otros que de serlo tú mismo. Todos te describen como "una buena persona"; servir es lo máximo en tu vida. Si te pasan cosas lindas las compartes con otros, amas a todos, cuidas e inviertes en todos, excepto en ti mismo. Este tipo de personas suelen copiar su estilo del modelo fracasado de algún familiar.

La persona con más de 13 "verdaderos", no reconoce que posee necesidades; a esta altura se ha convertido en una máquina de trabajar, dejando de sentir, de pensar, y de decidir lo mejor para sí misma. En este punto, su vida ya no tiene sentido, carece de sueños y de expectativas; en su interior sólo queda espacio para broncas y frustraciones extremas.

Sólo a ti te compete marcar la diferencia. Habrá un momento determinado en la vida en el que necesitarás darte cuenta de que si tú mismo no satisfaces tus propias necesidades, nadie lo hará. Lo que deseas que te suceda, dibújalo en tu mente y comienza a diseñarlo, detalla las metas y los pasos que necesitas dar y luego prosigue hasta el final.

Michael Jordan dijo: "Visualicé adónde quería ir, qué tipo de jugador quería ser; sabía con exactitud adónde llegar, qué quería obtener, me concentré en conseguirlo y lo logré."

Si algo sucede en tu vida será por ti.
 
 
—Bernardo Stamateas; " Gente Tóxica "